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miércoles, 8 de agosto de 2007

Con el puño cerrado en alto

Primera Plana pone ante sus ojos, la noticia, el acontecimiento mayor de cada dia ocurrido en Bolivia. Por las características del blog, este acontecimiento va resumido con un punto de vista periodístico. Gustavo Maldonado ha logrado reunir interesantes consideraciones históricas y prácticas acerca del rubro, según nos lo refiere en El Deber, sección Opinión donde registra su texto:

A partir de esta fecha todos vamos a cantar el Himno Nacional, donde estemos, con el puño en alto de la izquierda y la mano derecha en el corazón, con sentimiento, para seguir luchando por nuestras reivindicaciones, por la liberación de nuestros pueblos”, sostuvo el Presidente en Ucureña. El puño izquierdo en alto es un saludo socialista, comunista y anarquista. El puño cerrado equivale a decir “todos unidos”. Para ellos significa: puño cerrado al enemigo, mano tendida al camarada y compañero. Lo vimos reemplazando a la señal de la cruz, en su juramentación como Presidente de la República y en otras posesiones y actos del actual Gobierno. También en actos de los cívicos cruceños. Para muchos bolivianos, lo que esconde el puño cerrado es ira, odio, rabia contenida, violencia, destrucción, venganza, racismo disfrazado. Ya lo resumió Indira Gandhi: “Uno no puede dar la mano con el puño cerrado”.
Pero qué le vamos a hacer. Vivimos bajo un Gobierno extremadamente personalista, donde el Presidente es el único que manda. Mandón y mandamás lo definen, porque ostenta demasiado su autoridad y manda más de lo que le toca. Los gobiernos personalistas son mandones por definición, y los que más lo son... son los gobiernos como el actual, que a la agresiva política del mandamás suman la soberbia ilimitada de pretender haber partido en dos la historia de Bolivia. El poder mandón y el mandamás en el poder son radicalmente antidemocráticos. El mandamás en el poder brota a borbotones cuando predice lo que decidirá la Asamblea Constituyente. ¡Aprobará su propuesta y legitimará la reelección presidencial! “No importa lo que decida la Constituyente, de todas maneras será como yo digo”.
El Presidente es mandón hasta el abuso montado en su popularidad. El Presidente cree que su popularidad es todo lo que necesita para gobernar y se ríe de las limitaciones políticas que su poder tiene. Pero la popularidad tiene ruedas y como llega, se va. Máxime aquélla fundada en la explotación demagógica de fundados descontentos, pero también racismo, prejuicios y localismos tribales. El Presidente mandón se manifiesta sin rubor en su autodesignación como oficina expedidora y revocadora de certificados de patriotismo. El Presidente tiene uno de sus blancos predilectos en los periodistas que lo critican. Pero la verdad es que la antipatía del mandamás no es exclusividad de ellos, sino que la profesa sin disimulo a toda institución o persona que le recuerde que su poder es limitado.
Tengo una innata e incurable alergia al poder mandón, porque es, más temprano que tarde, el poder abusivo. El poder que se las sabe todas, es de seguro el poder que se cree con derecho a hacer todo. Y todo es cualquier cosa. El poder mandón es lo contrario al poder limitado y distribuido, controlado, fruto de la civilización que se expresa en la legalidad democrática. Se expresa de modo imperfecto, claro, sobre todo en nuestra imperfecta democracia, pero nunca estará la solución al subdesarrollo en el subdesarrollo mismo. Es adelante y no atrás donde hay que buscar salidas.
El poder mandón no merece apoyo ni mucho menos estímulo. Lo último que le conviene a Bolivia es que el mandamás reciba el mensaje equívoco de que todos, por querer cambios, pensamos que va muy bien. El mandamás se ha olvidado de que la democracia a partir de octubre de 2003 es un proyecto para redefinir y redistribuir el poder, porque sin Estado, no hay nación, y sin autonomía no hay República. Por eso es proceso y no instante. Por eso es cambio profundo y prolongado… y no mágico pase ‘revolucionario’ de un presidente mandón, que nunca admite haberse equivocado y nunca entona un mea culpa (la culpa es siempre de los demás).