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lunes, 13 de agosto de 2007

El Mercurio de Santiago y la salida al mar

Primera Plana pone ante sus ojos, la noticia, el acontecimiento mayor de cada dia ocurrido en Bolivia. Por las características del blog, este acontecimiento va resumido con un punto de vista periodístico. El muy importante diario chileno El Mercurio, considerado el mayor ha publicado una entrevista extensa con el diplomático boliviano Roberto Finot, que fuera destituído hace poco de sus funciones como Cónsul General de Bolivia (Una especie de Embajador Extraordinario ante la inexistencia de Relaciones Diplomáticas entre Bolivia y Chile). Reproducimos la mayor parte del diálogo que publica La Razón de La Paz, por su innegable trasdendencia.

El Mercurio de Santiago de Chile publicó ayer esta entrevista al ex cónsul de Bolivia en ese país, Roberto Finot, realizada por el periodista Mauricio Carvallo. La Razón obtuvo la licencia para la reproducción de la misma.
“Después de cuatro años en Chile —dos como cónsul general adjunto, más de un año como subrogante y ocho meses oficialmente en el cargo— Roberto Finot fue destituido del Consulado General de Bolivia por una causa que se convirtió en un misterio. Porque, aparentemente, fue amonestado por lo mismo que expresaron esta semana el presidente Evo Morales (“pronto habrá salida al mar”) y el canciller David Choquehuanca, quien lo destituyó: “Como nunca, Bolivia está cerca de alcanzar el anhelo del retorno al océano Pacífico”.
Como si fuera parte del acertijo, Finot asegura que su destitución “no me hizo mella”. “Mi misión era el mar”, revela.

¿Qué pasó entonces?
Hay molestia en la Cancillería chilena respecto de las apreciaciones que hice públicas, porque los tiempos se terminan para resolver este tema debido a las elecciones del 2008 y 2009 —dice sin asomo de amargura—. Y la Cancillería boliviana responde a su par con su total disposición positiva: si hay algo que perturba este momento histórico, muy bien, lo importante es que sigamos adelante. Entonces, no me ha ocurrido nada, soy parte de este proceso, de un equipo que tuvo la fortuna de desempeñar este rol.

¿Su Cancillería no lo desautorizó, sólo aceptó la observación chilena?
Exactamente, porque el presidente Morales y el canciller Choquehuanca piensan exactamente lo mismo. Si el vicecanciller chileno Van Klaveren pidió la cabeza del cónsul, entonces será la cabeza del cónsul la que ruede para que no exista pretexto por parte del gobierno de la presidenta Bachelet y consigamos lo que tenemos que conseguir. “Entonces hágalo”.

¿Qué hizo desde que en diciembre fuera nombrado cónsul general?
Recibir instrucciones del canciller Choquehuanca. En las dos primeras semanas de enero sostuvimos largas conversaciones en La Paz y coincidimos plenamente. Me dijo que se me había designado para que durante el gobierno del presidente Morales se consiga el acceso soberano de Bolivia al océano Pacífico. Hablamos del planteamiento de fondo, de cómo debía abordar el tema. Finalmente, el Canciller me dice: “Muy bien, usted lleva muchos años allá y sabe lo que hay que hacer, entonces hágalo para alcanzar el objetivo”.

¿Y qué hizo?
Me reúno con mis interlocutores, comenzando por el director de América del Sur de la Cancillería; después, el vicecanciller Van Klaveren, los ex presidentes de la Concertación: don Patricio Aylwin, don Ricardo Lagos Escobar, don Eduardo Frei Ruiz-Tagle, con los ex cancilleres. De los comandantes en jefe de las tres ramas de las FFAA recibí un trato muy deferente. El almirante Codina siempre fue muy, muy atento. Estuve también en los círculos académicos, y con el ex jefe del Ejército, don Juan Emilio Cheyre, con quien cultivamos una muy buena relación cuando era comandante en jefe. Conversé con los miembros de las organizaciones sociales y políticas chilenas que se conformaron en torno al llamado Comité de Reencuentro Bolivia-Chile, donde participaron más de 400 de ellas. Trabajé también en muy buena relación con la CUT y organizaciones sindicales.

¿Qué les dijo?
Exactamente lo mismo a todos: que Chile estuvo íntimamente vinculado a la inestabilidad política que se vivió en Bolivia. Que la crisis de octubre del 2003 se desata por la imposibilidad de Bolivia de acceder a los mercados del Pacífico, incluso a EEUU, para exportar el gas natural. Que si Chile el 2004 estaba en su mejor año como el país de referencia de América Latina, Bolivia era identificada como la antítesis por la situación interna que confrontaba. Y que si a esto sumábamos que Argentina se veía en la imposibilidad de honrar su compromiso con Chile en el gas natural, entonces estábamos en una situación muy especial. Que Chile necesita resolver el problema boliviano para afirmar su liderazgo en la región y proyectarse como plataforma de las inversiones y comercio del Asia Pacífico con América del Sur. Que resolver este problema resuelve el problema con el Perú y del abastecimiento de gas.

¿Le fue bien con el discurso?
¡Desde principio a fin, hasta el día de hoy! Me fue muy bien. Por eso el presidente Morales, el Canciller y yo decimos que estamos muy próximos a resolver la mediterraneidad de Bolivia.

¿Y los interlocutores que mencionó coincidieron en ello?
¡Todos coinciden!

¿En devolverle el mar a Bolivia?
No es un tema de reivindicación territorial. Se trata de incorporar el mar como el factor para conseguir el objetivo de la integración. Si Chile quiere comercio, energía y diplomacia, debe resolver el problema del mar con Bolivia.

¿Y usted relaciona este tema con que el almirante Rodolfo Codina fuera a Bolivia y el general Óscar Izurieta se reuniera con su par boliviano?
No solamente esto. El comandante en jefe anterior, Cheyre, abrió esa brecha y fue muy firme en esto. Después, en el aniversario de O\'Higgins, el invitado principal del general Izurieta fue el comandante del Ejército de Bolivia y le entrega la réplica de la espada del Libertador de Chile.

¿Qué significado le da a eso?
Un enorme significado: es el primer encuentro de los comandantes de los dos ejércitos en Chile. Lo que sí tuvo una enorme repercusión periodística fue cuando el almirante Codina navegó en el lago Titicaca.

¿Pero qué relación pueden tener estos gestos con el mar para Bolivia?
Son parte del primer punto de la agenda entre Bolivia y Chile: las medidas de confianza mutua. Y en el Ejército eso camina muy bien. También estuvo en Bolivia el comandante de la Fuerza Aérea, y en Santiago una escuadra de cadetes chilenos portó la bandera boliviana. Y después fue el homenaje, en Calama, del Ejército chileno al héroe boliviano de la Guerra del Pacífico, Eduardo Abaroa, donde participan los comandantes de las tres fuerzas, los ministros de Defensa y los vicecancilleres. Hay que destacar el discurso que dio el general Izurieta.

¿Qué dijo sobre la mediterraneidad?
Es que estaba todo dicho. Son señales muy positivas...

Lo curioso es que, según usted, estén de acuerdo las FFAA chilenas...
Sí, creo que es de la mayor relevancia. Además, está que no se puede desgastar a nuestras instituciones armadas. Es una muestra de voluntad política-institucional de cooperación, de concertación entre nuestras FFAA.

¿Por qué interpretar gestos protocolares en el sentido que usted le da?
Porque son encuentros inéditos entre dos países sin relaciones diplomáticas, que tienen un tema histórico pendiente y ello está en sus agendas de trabajo.

¿Por eso interpreta que las FFAA chilenas no tendrían objeción final?
Estoy convencido de que no tendrán objeción ... Todo está sobre la mesa desde el momento (julio del 2006) en que se inscribió el tema marítimo en los 13 puntos de la agenda entre ambos países. Lo único que falta es tomar la decisión política.

¿En diciembre del 2006 se estuvo muy cerca cuando Bachelet y Morales se reunieron en Cochabamba?
El momento más propicio fue en vísperas de esa reunión. Pienso ahora que el mejor momento para tomar la decisión será en las vísperas de la Cumbre Iberoamericana (Chile, 8-10 de noviembre). No quiero poner fechas, pero se está dialogando desde hace 8 años. El presidente Lagos entabló una firme negociación con Hugo Banzer. Ex dictador de los años 70, Banzer no era un interlocutor válido, ya que no tenía respaldo popular, estaba en sus dos últimos años de gobierno y en franco deterioro. Eso fue una opereta, pero el gran mérito de Lagos fue su disposición al diálogo y querer demostrar que todo Presidente de Bolivia es un interlocutor válido para Chile. Había que buscar el mejor momento para el acuerdo. Y lo que no tuvo Lagos fue un interlocutor con la fuerza del respaldo político del 53,7% del presidente Morales. Es el momento adecuado, porque él y la presidenta Bachelet tienen un liderazgo renovado.

De todas las fórmulas sobre la mesa, ¿cuál es la más probable?
Las fórmulas de salida al mar las están discutiendo los vicecancilleres, los cancilleres y los Presidentes. Hasta 1929, la opción era la cesión de Tacna y Arica a Bolivia. Después del tratado entre Chile y Perú, que nos excluye expresamente, la única opción que quedó fue la del corredor, que estuvo en los acuerdos de 1950 y en las negociaciones de 1975-78. Por primera vez, a partir del 2000, se consigue un interlocutor: Lagos. Como Presidente de Chile, es quien toma la iniciativa.
Como el corredor no se trataba de algo simple, se ha hablado de los enclaves. Lo que planteó el presidente Lagos fue un enclave en Patillos, en la I Región. Pero el solo enclave en Patillos no fue suficiente, porque no contemplaba la soberanía.

¿Y dónde se proyecta el corredor?
La única posibilidad para no dividir el territorio de Chile y sea factor de integración, es al norte de Arica.

¿Se olvidan de Perú?
El presidente García ha dicho que su país no será obstáculo. Esto ya lo dijo el 85. En su último encuentro con el presidente Morales ratificó que el Perú respalda todas las demandas internacionales de Bolivia. Y Bolivia no tiene más que una demanda internacional...

Sin embargo, Perú no se allana a un corredor con soberanía boliviana...
No quiero entrar en tantos detalles... Pero se interpreta mal. No debería inhabilitarnos si Perú no da su aquiescencia de inmediato. Igual podríamos llegar al acuerdo y dejar que el tema de la soberanía del corredor aguarde hasta que diga “sí”.