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jueves, 23 de agosto de 2007

Mientras en el mundo disminuyen los accidente...

en Bolivia los muertos y heridos en accidentes de carretera aumentan de forma inadmisible. Todos los países planifican y suman esfuerzos para proteger la vida humana el capital más valioso de un pueblo. En primer lugar se aplica una muy férrea disciplina en cuanto a los conductores (en Bolivia se mantiene increíblemente la creencia de que un embriagado conduce mejor que uno sin alcohól) Imposible confiarle la responsabilidad de llevar pasajeros a persona no califica, que reúna mínimas condiciones de capacidad técnica y ética. Luego el control de los vehículos. Es aquí donde radica -el talón de Aquiles- no hay inspección técnica seria, regular, responsable. Si pudiéramos comparar con la metodología que funciona en otros países, pudiéramos señalar que el control técnico periódico de cada vechículo se realiza con aparatos para controlar su buen funcionamiento, no vale influencia alguna, puesto que el control riguroso lo realizan técnicos, no participa ningún policía, ni agente y es obligatorio. Cada propietario recibe una citación, con fecha y hora determinada y su vehículo debe estar en perfectas condiciones de operabilidad. Si los técnicos en el exámen detectan fallas, el propietario recibe una nueva fecha para reparar la falla o reemplazar la pieza en mal estado. El nuevo control se cumple siempre y cuando se pague su costo. Si la inspección determina que el vehículo no está en condiciones óptimas, los mecánicos lo descalifican y termina en un cementerio de vehículos. Se le retira su permiso de circulación.
Claro está, que pasará medio siglo antes de que Bolivia llegue a tal grado de organización del tráfico, pero mientras tanto, es intolerable, es inhumano, permitir que manejen beodos, estresados choferes, mal pagados, incompetentes, irresponsables, y máquinas en mal estado y empresas sin ética ni humanidad que persiguen tan sólo ganancias y lucro.
La Policía tiene un reto muy grande con la frecuencia de los accidentes, de su diligencia, y de sus capacidad y autoridad dependerá que las muertes disminuyan y haya menos dolor, y menos lágrimas con hombres y mujeres que utilizan el transporte en buses y camiones para cumplir sus tareas particulares.