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domingo, 30 de marzo de 2008

enjundioso editorial de L.R. Cheques Venezolanos

El presidente de la República, Evo Morales, criticó en público al alcalde de Cochabamba, Gonzalo Terceros, por no haber avanzado con la presteza necesaria en la refacción de una escuela del valle. La autoridad aludida, en respuesta a la crítica, dijo que no solamente esa obra, sino varias otras que encaraba su despacho están demoradas debido a que no le llegan a tiempo los cheques de la Embajada de Venezuela.
El episodio viene a reabrir un tema incómodo para los bolivianos, pues recuerda que es una embajada extranjera la que entrega sus propios cheques a los alcaldes del país para las obras del plan gubernamental “Evo cumple”.
El alcalde Terceros afirmó, en efecto, que el mencionado plan es falso porque le falta financiamiento para la refacción de escuelas, de hospitales y otras obras de infraestructura.
Varios parlamentarios observaron el hecho de que el Gobierno nacional esté haciendo que el dinero de la Embajada de Venezuela se canalice directamente a las alcaldías en lugar de pasar por el Tesoro General de la Nación (TGN).
Esa parece una solución inteligente, porque le permitirá al gobierno del presidente Morales tener un control preciso de esos recursos que llegan del exterior, para cualquier informe que deba dar ahora o en el futuro. En todo caso, siempre conviene tomar precauciones; nunca se sabe lo que pueda ocurrir.
Por su parte, los alcaldes del país deberían informar al TGN sobre los recursos que reciben del gobierno de Hugo Chávez. No pueden tener una contabilidad especial para el dinero del TGN y otra para los recursos que llegan de la Embajada de Venezuela. Los alcaldes tendrán que considerar que la función que desempeñan es pública y puede ser sometida a fiscalización inmediata o posterior, además de que ellos son los únicos responsables ante la ley.
También sería oportuno que el Gobierno nacional informe sobre cuál es el verdadero nivel de la deuda externa con la República de Venezuela. De acuerdo con las últimas cifras que ha dado a conocer el Banco Central de Bolivia, esa deuda se incrementó de cuatro millones a 35 millones de dólares en el curso del año pasado.
Todos estos detalles, de tipo administrativo, pueden pasar por intrascendentes, pero, a la hora de la verdad, resultan sumamente importantes y determinan la seriedad y la confiabilidad de un país, tanto en lo interno, para los bolivianos, como en lo externo, para la imagen que se proyecta al mundo.
Aun olvidando tales consideraciones de corte formal, dejándolas pasar intencionalmente sólo por un momento, lo más importante que el Gobierno no puede descuidar y, por el contrario, debe resguardar en todo instante, es la dignidad de Bolivia, como nación soberana e independiente. El Gobierno debe evitarle al país la vergüenza de que los alcaldes elegidos por el pueblo boliviano reciban recursos de una embajada extranjera a cuenta de un plan que, vale la pena recordarlo, lleva el nombre del Presidente de la República de Bolivia.
Por último, si no se hiciera aquello, al menos el Gobierno tiene que ahorrarles a los bolivianos la vergüenza de seguir aceptando que una embajada extranjera pague cuentas nacionales con su propia chequera, sin pasar por ningún control ni fiscalización de parte del Tesoro General de la Nación.