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miércoles, 24 de septiembre de 2008

el deber de santa cruz califica de "generosa" tregua el freno a la invasión


(vista interior catedral durante la eucaristía oficiada por el cardenal Terrazas única celebración en la efemérides cruceña)


En esta fecha, y desde esta columna, en razón de nuestra fuerte vocación cívica, debemos exaltar nuestras glorias mayores logradas en las aras de la libertad. De ninguna manera esta noble Santa Cruz, tierra acogedora para todos, se merecía ni se merece lo que estaba a punto de suceder en su aniversario departamental, truncado en buena parte de sus festejos por unas terribles acechanzas que mantenían ensombrecido el horizonte y en ascuas a la ciudadanía. Y no era para menos porque hasta las últimas horas parecía inminente el ingreso en el corazón de esta ciudad, a paso atronador, de las milicias afines al Gobierno nacional, de cuyo fiero comportamiento ya tienen dadas elocuentes muestras en cuanto a la violencia con que comulgan. Fue de las más recientes, la despiadada agresión a los fiscales que les salieron al paso no para enfrentarlos, sino para moverlos al raciocinio y, en su caso, instarlos a que depongan las armas. Ciegos y sordos frente a la diligencia conciliadora de los fiscales, las milicias se los llevaron por delante a garrotazo limpio aumentando el número de lesionados graves y de lastimados.Esta agresiva actitud de las milicias, con menosprecio total de la integridad física y de la vida de quienes se cruzan en el camino, es la misma allí donde aquéllas, o se abren paso o se atrincheran momentáneamente. Y viene a ser la tal actitud una especie de prolegómeno, de preparación para cuando las fuerzas irregulares armadas ingresen en son de sojuzgamiento, en los centros citadinos. No es difícil imaginar, luego de ver lo que se ha visto, la clase de agravios de que podría hacerse víctima a la población urbana con la finalidad de escarmentarla o, como vulgarmente se dice, de ponerle la paletilla en su lugar. Pero el malévolo cerco, impuesto desde hace varios días en prácticamente todos los flancos de Santa Cruz y que anunciaba una violencia incontrolable, fue levantado ayer por sus instrumentadores hasta mediados del próximo mes. Sorpresivamente, cuando empezaba a delinearse el más incierto de los desenlaces, ha sido concedida una ‘generosa’ tregua que ha evitado consecuencias imprevisibles si los marchistas persistían en el afiebrado afán de ingresar, a como dé lugar, en Santa Cruz de la Sierra, donde había comenzado a organizarse de algún modo la defensa de la ciudad, sin que hubiera dejado de escucharse el clamor de un pueblo amante de la paz.En tanto, el Presidente de la República usaba del tiempo que le acordaron en la Asamblea de las Naciones Unidas para, entre otras cosas, confesarse apóstol y mártir de la democracia y estigmatizar a sus oponentes, oligarcas, terroristas y golpistas de los de marcas mayores, que les comen el pecho y las tripas a sus hermanos secularmente olvidados. Historia repetida. Nada nuevo bajo el sol.