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domingo, 14 de septiembre de 2008

La Nación el mayor diario de américa asegura que el gas de Bolivia está más inaccesible

Las cuestiones políticas se mezclan con las energéticas en Bolivia, un país cuya superficie esconde importantes yacimientos gasíferos y petrolíferos, pero que parece no encontrar la paz. En los últimos días, la violencia ha vuelto a las calles y el enfrentamiento entre las regiones más ricas y las más pobres ha dicho "Presente" una vez más.
Bolivia se había erigido en los últimos años en proveedor de gas de la región, pero su constante inestabilidad política y regulatoria le han impedido consolidarse en este sentido. Desde hace un tiempo, Brasil y la Argentina comenzaron a importar parte de los 30 millones de metros cúbicos de gas que se extraen del subsuelo boliviano, pero la actual crisis política llevó a que esa provisión se suspendiera.
Las medidas de presión más duras contra el gobierno de Evo Morales han sido la toma, en muchos casos violenta, de entidades del Estado en varios departamentos, principalmente en la ciudad oriental de Santa Cruz. También se han producido ataques contra las conducciones gasísticas del sudeste boliviano, que son las que afectaron los envíos a los países gobernados por Luiz Inacio Lula da Silva y Cristina Kirchner.
En el origen de esta crisis, que termina por salpicar la estabilidad energética de los vecinos de Bolivia, es la demanda de las regiones opositoras para que se les devuelva una renta petrolera que el gobierno de Morales les recortó en enero para pagar una ayuda directa a los ancianos.
Los prefectos opositores de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca reclaman a Morales la devolución de los ingresos petroleros que recibían sus regiones por el impuesto directo a los hidrocarburos (IDH) y que el Gobierno recortó para pagar esa ayuda.
La integración energética de la región siempre tuvo a Bolivia como el proveedor más importante de gas. En su momento, la Argentina había firmado un convenio por el cual el país del Altiplano se comprometía a proveerle 7 millones de metros cúbicos diarios. Mientras que aún se espera el efectivo cumplimiento de ese acuerdo, la endeble situación política boliviana preocupa más que nunca a la Argentina.
Tanto es así, que la presidenta de la Argentina, Cristina Kirchner, viajará mañana a Chile, para reunirse con sus pares de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), para analizar la situación de esta crisis boliviana y brindar apoyo institucional al presidente Evo Morales. Respaldo a Evo
Es más: la Cancillería argentina manifestó su "pleno e incondicional respaldo al gobierno constitucional del presidente Evo Morales". Y llamó a los prefectos (gobernadores) "a frenar los actos de violencia en sus respectivos departamentos" y a evitar "un agravamiento de la situación".
Aunque el más interesado en que todo esto se solucione parece ser el presidente brasileño, que advierte que el peligro que corre su suministro energético es importante: cuando los grupos rebeldes tomaron control y alteraron una válvula de seguridad de un gasoducto en las proximidades de Yacuiba, Brasil -que recibe el 40% del gas natural que consume desde Bolivia- vio cómo el suministro de esa cañería caía de 17 millones de metros cúbicos a tan sólo tres millones. Esto, cuando el invierno no ha terminado aún. Precisamente es ese mismo gas, junto con el petróleo, el que se ha convertido en la chispa de este polvorín. El presidente venezolano, Hugo Chávez, identificó la riqueza petrolera y gasífera de su país y de Bolivia entre las causas de los complots que él cree que quieren terminar con su gobierno y con el de Morales.
"Es la causa de peso de las agresiones. Vaya a ver usted si es una casualidad que las agresiones de mayor empeño, fuerza y persistencia vengan contra Venezuela y Bolivia, y fuera de la región, contra Irak e Irán", apuntó el carismático líder bolivariano.
Las medidas de presión más duras contra el gobierno de Morales han sido la toma, en muchos casos violenta, de entidades del Estado en varios departamentos, principalmente en la ciudad oriental de Santa Cruz. También se han producido ataques contra las conducciones gasísticas del sudeste boliviano, lo que ha afectado aún más los envíos de gas hacia la Argentina y Brasil.