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sábado, 29 de noviembre de 2008

miles de bolivianos buscan salir afuera para conseguir trabajo. la situación interna no mejora y la esperanza se diluye. socorro es el grito!

Vuelven a ser largas y en extremo fatigosas las colas frente a las oficinas de Migración, integradas por gente de toda condición y edad, buscando la legalización de documentos para salir del país. Y no responde ese contingente humano de pie horas de horas, a inquietudes de tipo turístico, a hacer realidad por fin el sueño de toda una vida, de visitar países en torno de los cuales se tiene tejidas muchas y a la vez infinitas fantasías.Lo que pasa, simplemente, es que en Bolivia están negadas para miles y miles de compatriotas las posibilidades de subsistencia.
Por supuesto que a las posibilidades a que nos referimos son aquellas lícitas, porque de las otras las vacancias sin duda no tienen límites. Ahora el drama de los migrantes, que se suma a otros tal vez no tan estremecedores, pero igualmente dolorosos, alude a gente muy nuestra que con supremos esfuerzos y buscándole a la vida, llegó hasta España, dejando aquí todos sus personales efectos, los escasos de tipo material, y los muchos de carácter espiritual.
Tres hermanos que sin duda habían padecido un extenso calvario después de cruzar la inmensidad del océano, encuentran la muerte de forma trágica, según dan cuenta los despachos noticiosos desde la Madre Patria. Abrumados por la intensidad del frío reinante en esa parte del mundo, los hermanos echaron a funcionar un artefacto con el propósito de generar un poco de calor. El artefacto tuvo su efecto pues atenuó el ámbito glacial, lo que permitió a los infortunados conciliar el sueño. Mas, la fatalidad jugó su rol, el artefacto se deterioró y dejó escapar su letal carga de monóxido de carbono que les causó, a los tres, el sueño eterno.
Para hacer más hondo el terrible drama, uno de los muertos por asfixia estaba de regreso a casa, aquí en nuestra propia ciudad que se viste con razón de luto. Su ausencia se había prolongado más de dos años y medio, tenía esposa e hijos aquí, era de profesión albañil con alta cualificación y se había sumado a la corriente migratoria al no hallar trabajo en ésta, a causa de la real paralización que afecta al sector de la construcción en todos sus frentes. Pese a lo terrible de este drama y de tantos otros de que hemos tomado conocimiento, ocurridos no sólo en España, sino en ésta y otras partes del planeta, nos aflige y preocupa las largas colas que hoy se ven y que están conformadas por futuros migrantes en pos de medios decentes de vida. Medios que no los hay en Bolivia, que cada vez se reducen más y más, y cuya carencia, seguramente, derivará en terrible convulsión social.
El Gobierno, a merced de sus afanes de dudosa importancia, nada hace por fomentar al menos, la apertura de fuentes de trabajo, y muy por el contrario las arriesga complicando la productividad nacional y las exportaciones de nuestras escasas materias primas. No teme el Gobierno a los cargos de conciencia.Destacable, de otro lado, la solidaridad de la empresa Aerosur que, sabemos, transportará los cadáveres de los desdichados compatriotas. (el desgarrador texto pertenece al editorial de el deber de santa cruz, bolivia)