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jueves, 16 de abril de 2009

existen motivos serios para sospechar que el atentado al Cardenal es obra de Evo o de sus seguidores más íntimos que quieren amedrentarle. Centa Reck

el atentado al Cardenal de Bolivia

No ha sido una casualidad que la campaña del Mas se inaugure con un atentado al Cardenal Julio Terrazas, quien sin querer se ha convertido en el blanco y enemigo número uno del gobierno, sólo por hacer exactamente lo que también hizo en su tiempo a favor del mismo Evo Morales y los sindicatos cocaleros: defender los derechos de minorías que exigían reivindicaciones, inclusión, ser tomados en cuenta y participar en la construcción del país.
Debemos recordar en estos momentos que el Cardenal fue entonces tildado de izquierdista por abogar por las reivindicaciones de quienes planteaban Asamblea Constituyente y cambios en el modelo Económico Social de Bolivia, y dramáticamente ahora los mismos que fueron cobijados bajo su sistemática protección, que es la protección de la Iglesia, son quienes hoy y habiendo tomado ya la manija del poder pretenden defenestrar la figura del Cardenal, destrozar la religión y además atemorizar y sembrar un régimen de terror también al interior de la Iglesia y su feligresía.
El atentado perpetrado con un artefacto explosivo colocado en la media noche del martes causando graves daños al punto de haber volado el portón de la vivienda del Cardenal, ha provocado un repudio generalizado porque más allá del hecho grave en sí mismo, nos ha dejado el estruendoso mensaje cifrado de una persecución que nos deja entrever la conducta y los objetivos que tienen quienes ahora detentan el poder y lo están tomando como su propiedad, como una herramienta de destrucción y de amenaza a quienes postulan sus disensos y se plantean frente al poder del Mas como lo diferente, como lo otro. Es claro que el atentado es una forma de tratar de reducir no sólo a la Iglesia sino a todos aquellos que se muestran con un pensamiento distinto, lo cual nos muestra que el actual régimen quiere consolidarse en el sentido de una tiranía porque en un régimen democrático el respeto a las minorías al disenso y a los otros como diferentes, se constituye en el principio fundamental e ineludible.
El atentado coincide también con el final de la cuaresma y de la Semana Santa en donde revivimos el mensaje de Cristo crucificado por la intolerancia, por efecto y acción del poder terrenal dispuesto a pasar por encima de los límites para subordinar a todos y para hacer de las suyas sin consideración, sin respeto, pasando por sobre los derechos humanos, los códigos de leyes equitativos y la Ley de Dios.
El Cardenal sólo ha abogado por los derechos de la grey que representa, por los que ahora son perseguidos, encarcelados injustamente, privados por el poder que se plantea omnímodo y sordo y ciego a escuchar la voz de la justicia. El Cardenal sólo habla por los que ahora están siendo privados de voz, por los que son acallados usando la fuerza, el miedo y la opresión.
Habíamos alertado que la imagen del Presidente y sus ministros parados frente a la Catedral de la ciudad de La Paz un día después del Domingo de Ramos, con su palma en la mano, era un mensaje cifrado, ambiguo, donde desde las puertas de la Iglesia pretendía iniciar la destitución de la Iglesia. El Presidente se negó a entrar a la casa de Dios, se mostró arrogante, creyéndose más que el verdadero Salvador y desafiando a Cristo crucificado nos dio un anuncio de lo que sobrevendría en tiempos en los que la soberbia está queriendo sembrar terror, luto y dolor.
El pueblo de Dios busca a la Iglesia como se busca a la madre, acude al Pastor para recibir amparo, protección y la bendición a sabiendas que los poderes terrenales cuando quieren ser hegemónicos y totalitarios son dañinos, son crueles, no tienen piedad ni compasión, dejando de lado uno de los principios básicos que definen la humanidad.
El Cardenal se está visibilizando como el gran Pastor, le pedimos que acepte este destino, que acepte beber el Cáliz que la presente coyuntura histórica le ha reservado y que Dios ha puesto en sus manos, el destino de seguir guiando los pasos de la justicia y del equilibrio, pase lo que pase y pese a quien pese.