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miércoles, 6 de mayo de 2009

pasamos a ser de la noche a la mañana de campeones de la libertad a "terroristas y separatistas". Reflexiona Centa Reck!

Dos personas que primero fueron secuestradas en un episodio en el que se cometieron actos de violencia y coerción y un testigo que tiene un amplio prontuario delincuencial resultaron denunciando a diestra y siniestra a las cabezas de las instituciones cruceñas. Por esta razón podemos decir que nos encontramos ante un verdadero y firme intento de descabezamiento de la plana mayor institucional cruceña.
Los habitantes de Santa Cruz pasamos así de la noche a la mañana a convertirnos en firmes y potenciales candidatos a ser tildados de terroristas o separatistas. Acusación que siempre estuvo presente en el discurso del presidente y de sus ministros, pero que después de que se le dio muerte a tres jóvenes en un hotel, comenzó a cobrar la característica del escenario del cuerpo del delito, dando margen y estructura a la situación que Santa Cruz comenzó a experimentar en el sentido de iniciarse en un periodo de judicialización.
El gobierno evidentemente tomó la delantera. Abrió el paraguas y comenzó a lanzar el guión del supuesto terrorismo. El gobierno dio por cierto el terrorismo, no tuvo dudas, se lanzó a plantear su tesis sin reparo alguno, sin mostrar pruebas contundentes, sin mostrar las pericias balísticas y las pruebas que hacen a las circunstancias en las que murieron los jóvenes en un operativo que no ha sido aclarado en absoluto y en el que se salvaron “milagrosamente” otros dos que luego el gobierno ha tomado como informantes.
Sabemos que era previsible que esto sucediera, porque había antecedentes de que se le quería encontrar el pelo al gato para echar mano del departamento de Santa Cruz.
Aunque era previsible que esto ocurriera, creo que todos quisieron hacer de cuenta que el gobierno no se iba a atrever con Santa Cruz, esa era la lógica que se estuvo manejando, ese era el eslogan que pasó a ser parte del mecanismo de negación, puesto que nadie quería creer que Santa Cruz iba a ser tomada y menos bajo la sindicación de terrorismo.
Pero, las cosas ocurrieron y el culebrón ya se ha montado en toda su magnitud. La lista de los acusados es el inicio de la navaja con la que se está comenzando a guillotinar, a cortarle la cabeza a los cruceños.
Más allá de algunas pistas que existen, pero que no alcanzan para armar un caso de terrorismo, lo que podemos constatar es que además de acusar a diestra y siniestra a toda la dirigencia y a otros ciudadanos que pueden resultar molestos por x o z, la evidencia es que con esta excusa se ha militarizado el departamento. No podemos dejar de tomar en cuenta este hecho que es el meollo del asunto, porque mientras estamos discutiendo el tema del terrorismo y los dirigentes y otros ciudadanos se encuentran en afanes porque tienen que defenderse de una denuncia que le han hecho dos rehenes y un testigo delator, el departamento ha sido copado con tropas que supuestamente han venido a cuidar las fronteras y a ofrecer mayor seguridad.
Pero sabemos que estos argumentos no obedecen a la verdad y que son fácilmente descartables porque se sabe que las intenciones son evidentemente muy distintas a los argumentos que el gobierno está dando para tratar de justificar la militarización del departamento.
Por supuesto que la operación que se está llevando a cabo en Santa Cruz es más sutil que la que se hizo en Pando, ha sido un poco más rebuscada, se buscaron otros métodos pero el resultado y los objetivos que se persiguen son los mismos.
Eso es lo que nunca debieron perder de vista los dirigentes, que quizás por incrédulos estuvieron tratando de eludir esta sentencia que pesaba sobre sus cabezas y la de todo el pueblo cruceño, queriendo darle vueltas al asunto para no ver la amenaza contribuyeron tal vez con los argumentos que ayudaban a que se siga sembrando una especie de ceguera colectiva, todo esto que todavía sigue embarcando a los ciudadanos en el mecanismo de la negación, que en muchos casos permite que las personas o los pueblos se sigan entregando a sus captores con una retahilada de excusas.