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jueves, 25 de junio de 2009

aunque no compartimos el optimismo de Los Tiempos sobre la normalización de relaciones con EEUU, dejamos sentado el tema narcotráfico como poco claro,

No es aventurado sostener que el restablecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos está más cerca de lo que el discurso antiimperialista de Evo Morales pueda hacer suponer. Por el momento, el Presidente boliviano tiene a Alan García como objetivo para desahogar su verborrea revolucionaria; pero es posible que la notoria disminución de los ataques a Washington intente crear las condiciones para un acercamiento.


El indicio más claro, sin embargo, proviene de Caracas y Washington desde donde se anuncia que Venezuela y Estados Unidos han acordado restituir a sus respectivos embajadores, expulsados en septiembre de 2008. El presidente Hugo Chávez había ordenado la salida del diplomático estadounidense en solidaridad con una decisión similar por parte de Morales bajo acusaciones de injerencia en asuntos internos. El Departamento de Estado dispuso el mismo tratamiento para el embajador venezolano en Washington.


Es de conocimiento general que muchas decisiones de la política interna y externa de Bolivia se definen en Venezuela. Morales no deja de mencionar a Chávez como a uno de sus principales consejeros y asesores, razón suficiente para prever que, terminadas las tensiones entre Washington y Caracas, la Cancillería boliviana más pronto que tarde siga el mismo camino.


De cualquier forma, sea este u otros los motivos, el restablecimiento de los vínculos diplomáticos con los Estados Unidos debe ser una prioridad para nuestro país. Pese a las posiciones altaneras y desafiantes de los gobernantes masistas, no es posible prescindir de los vínculos con la primera potencia económica del planeta. Los exportadores bolivianos, al borde de la quiebra, pueden atestiguarlo.