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domingo, 17 de enero de 2010

En 1983 Venezuela vivió una devaluación que hizo estremecer según nos lo cuenta Harald Olmos como testigo del proceso. Su experiencia nos ayuda!

El viernes 18 de febrero de 1983 Venezuela despertó de un largo adormecimiento alimentado por la creencia de que, por ser un país rico en petróleo, no correría la misma suerte de México, que casi cinco meses antes se había declarado en bancarrota. Recuerdo que el presidente socialcristiano Luis Herrera Campins proclamaba que Venezuela era diferente. Tenía enormes reservas monetarias capaces de enfrentar cualquier vendaval financiero. Las reservas parecían una garantía granítica. Pero semanalmente disminuían en unos 500 millones de dólares. Aquel día, cuando no había más sangre financiera y que los venezolanos conocen como “viernes negro”, Venezuela encontró que tenía sólo 300 millones de dólares, suficientes para un par de días de importaciones.

El libre cambio acabó, vino el control y un triple cambio que, poco a poco, convergería en el más alto, el de 7.50 bolívares por un dólar, en sustitución del de 4.30 por un dólar vigente durante más de 20 años. (Recuerdo que una de las extravagancias del triple cambio era un dólar especial, a seis bolívares, para importar relojes Rolex y Patek Philip, entre otras joyas que para la mayoría de los venezolanos eran curiosidades.)

Para los venezolanos lo que acababa de ocurrir era increíble. ¿Cómo, si sólo dos años atrás se ahogaba en ingresos petroleros podía Venezuela estar en bancarrota? A fines de ese año se realizaban elecciones presidenciales y el grito de batalla victorioso de los opositores de Acción Democrática fue una pregunta sin respuesta: ¿“Dónde están los reales?” Para empeorar la situación, el país enfrentaba pesados compromisos externos que ni los funcionarios sabían a cuánto ascendían. Una comisión bancaria llegó a Caracas y tras una auditoría dictaminó: 27.500 millones de dólares.

La devaluación aplicada este 8 de enero también vino tras una torrencial lluvia de dólares que confirieron a Venezuela características de emirato árabe. La prédica de administrar la abundancia con criterios de escasez nunca fue más allá de un slogan. Sólo las “ayudas” del presidente Hugo Chávez a los vecinos afines a la línea del socialismo del siglo XXI que predica han superado los 40.000 millones de dólares. No sabemos cuánto le correspondió a Bolivia. Sólo vemos que se estrecha la ventana para exportar textiles y que las pilas del timbre para pedir ayuda están secas pues se acabaron los cheques distribuidos sin control (¿recuerdan quela ministra anticorrupción denunció que algunas alcaldías habían hecho “mal uso” de los fondos entregados por Chávez? Como para darle anticipadamente razón, en 2007 se informaba que un alcalde había se fugado con $US45.000 del programa Bolivia Cambia…)

Como ahora, en 1983 se pregonó que la devaluación marcaría el renacimiento de la industria venezolana, desde la de los alimentos hasta los del vestido. No fue así. Al poco tiempo florecían las importaciones de casi todo, desde automóviles hasta electrodomésticos. Ir a los almacenes de las Fuerzas Armadas era un paseo por el paraíso de productos extranjeros, desde joyas y whisky de las marcas más finas hasta quesos y aceitunas que hacían las delicias de los paladares más sofisticados…a precios exentos de impuestos.

El sacudón financiero alteró todo el sistema político, que anduvo de tumbo en tumbo hasta llegar a los intentos de golpe del Tcnl. Hugo Chávez y su ascenso final a la presidencia, hace once años. La historia del viernes 8 de enero está todavía en curso. Queda por verse el desenlace.

Enero 17, 2010 Publicado por haroldolmos | Bolivia, Devaluacion, Venezuela | |