Páginas vistas en total

martes, 23 de febrero de 2010

el principal diario cochabambino tiene un nuevo Director. Los Tiempos nos abrió sus puertas el mismo día de salir a luz en 1967. más de 40 años ha!


Confesión de fe por el periodismo

Mauricio Aira

A lo largo de 40 y más años que llevo escribiendo en el prestigiado diario Los Tiempos, ni siquiera una vez la dirección rechazó mi producción, cuyos contenidos siempre han sido respetados en una clara demostración de la vigencia plena de la libertad de expresión a su interior. No es la primera referencia que hago al hecho, motivado ahora por la presencia de un nuevo Director que rompe la tradición de haber estado Los Tiempos desde su fundación a cargo de uno de los Canelas.

Cristóbal Soruco formado en la escuela de un auténtico periodismo no es para nada nuevo en estas faenas pues se había convertido en el brazo derecho de Alfonso Canelas cuando se decidió por trasladarse a La Paz y tomar las riendas del diario La Prensa perteneciente al mismo Grupo de editores como que llegó a ser su director. Gozó de la confianza total de los Hermanos Canelas que lidiaban ya en tiempos difíciles del régimen actual que de manera sistemática introdujo sus elementos a todos los medios y creó células partidistas unas más encubiertas que otras para tratar de manipular la información a su sabor.

Resulta reconfortante saber que los principios básicos de defensa de la libertad de expresión y pensamiento, así como el respaldo al sistema democrático y plural y al Estado de Derecho y la justicia social continuarán guiando la vida de Los Tiempos. Reiteración principista y necesaria cuando renovados impulsos de controlar la tarea de los medios surgen amenazantes al comprobar que hasta ahora el sistema usurpador no se ha detenido ante nada, asumiendo para sí todos los poderes y conculcando derechos que hoy por hoy quedan bajo la protección de los medios, baluarte de libertad y democracia, cuando “la polarización político-ideológica se agudiza y retorna la intolerancia”.

Cómo no hacer mención del deber democrático de vigilar, fiscalizar y criticar a los grandes del poder, sin someterse a la publicidad contratada que persigue lo contrario , esto es difundir la mentira como método de gobierno, ocultar la marginación en que sufren muchos bolivianos no tanto por su postración económica cuanto por su pensamiento opuesto al del regente que ha convertido a la Nación en país poco fiable, incapaz de adoptar medidas radicales para combatir el narcotráfico, la corrupción, el contrabando, sin descuidar el avance de la pobreza, la desocupación y el desamparo en que se sumergen las víctimas del desamparo oficial. Una palabra sobre los medios oficiales cada vez mejor dotados, claro con recursos del Estado para manipular a los ciudadanos, hacer que convivan con la mentira siendo que son aliados naturales de la prensa libre en democracia, a los que se narcotiza y engaña. Ciudadanos hay que dejan de leer los diarios y ni quieren ver programas informativos de la tv porque los encuentran enmascarados en la propaganda oficial.

Muchas veces hemos aplaudido la actitud serena y conciliadora del diario fundado por Demetrio Canelas, deslizándose por la cuerda floja de una opinión oficial siempre cambiante y que pendula entre ambos extremos, aunque sin ceder un ápice en los principios expuestos desde su nacimiento y sostenidos con firmeza, pero también con prudencia por sus sucesores Carlos, Alfonso y Fernando Canelas.

Reconforta además saber que “en la nueva etapa mantendremos la política de develar aquello que se quiere ocultar” tarea patriótica y noble no exenta de peligros y amenazas, además que se acepta el desafío de asumir la “gran revolución informática” que marcha a galope en un mundo globalizado donde todos tenemos mucho que aprender todos los días. Es ya gratificante comprobar los efectos de la interacción periodista-lector que ha puesto en función desde su edición digital que se asienta y moderniza más y más, colocándose a la vanguardia de sus iguales.

Menciona el director la proximidad del Bicentenario del 14 de septiembre de 1810, o sea a tan sólo unos meses de tan significativa fecha y propone un amplio debate sobre Cochabamba, su historia y el hecho de “haber sido, ser hoy en día y seguir siéndolo” en el futuro la garantía de la unidad nacional. Debate que instituciones y personalidad no deben rehuir sino participar activamente.