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lunes, 8 de febrero de 2010

En contra de la campaña política permanente que desata el MAS desde el poder, en lugar de gobernar, protesta El Deber en acertada nota

No se gobierna, se hace campaña
Marcelo Rivero

Nada más terminar los comicios generales de diciembre pasado para que el oficialismo, envalentonado con su triunfo pero con una espina en el tragadero por su nueva derrota en el oriente -aunque hubiese mejorado sus números porque sabe que fue merced a la persecución de los opositores, a la ‘carnetización’ indiscriminada, al acarreo de votantes y a otras formas de fraude-, se dé a la tarea de encarar otro plebiscito, el de la elección de gobernadores, alcaldes, asambleístas y concejales. La movilización se tornó permanente tan pronto como el presidente Morales puso término a las ceremonias de neto corte andino -con una minúscula representación de etnias de la parte baja del país- de su continuismo, como lo establece la nueva constitución que sus esbirros ‘cocinaron’ en siniestros lugares y echándole cuanto condimento encontraron, de ahí que salió un puchero que ni ellos pueden digerir y que están a todo pisotear.
De modo entonces que ahí está el hombre yendo y viniendo de canto a canto y del brazo de masistas ‘prestados’, unos queriendo reflotar, otros procurando ubicarse en puestos que los catapulten al poder, todos cómplices del centralismo secante, de los resentidos y odiadores, de los que están en preparativos para perpetuarse en el mando de la nación por los siglos de los siglos. ¡Linda la democracia y lindo el cambio que están imponiendo y que éstos -los masistas ‘prestados’- ahora aplauden hasta enrojecer sus palmas!
El periodismo está mostrando al presidente y a sus candidatos luciendo tipoys estilizados y bonitas camisas chiquitanas, aunque después quede en el olvido que a nuestros guarayos, a nuestros mojeños, a nuestros castañeros y a nuestros chaqueños los están dejando sin tierras (apenas unos miles de hectáreas), en el reparto que está favoreciendo a los ‘nuevos colonizadores’ que reemplazan a los españoles y que provienen de Oruro, de Potosí, de La Paz, en fin, de las alturas bolivianas.
Ni se diga la intensa propaganda masista que es el año redondo, nada más que en los períodos electorales se intensifica a extremos intolerables por la mentira y la demagogia que se emplean de forma permanente. Es la táctica para engatusar al pueblo inocente y pobre, como lo son los bonos con que están metiéndose en el bolsillo a chicos y grandes. Esa propaganda intensa obliga a estar en todo el territorio nacional, sin que importe que la patria marche a los tumbos en sus negocios, en su seguridad y en sus relaciones dentro y fuera de las fronteras. Suficiente con proclamar una y mil veces que está en marcha ‘el cambio’, la ‘revolución bolivariana’, el ‘socialismo del siglo 21’ y otras proclamas que gustan al déspota venezolano, que ya no manda los cheques de los petrodólares para hacerlos chichisco porque se le está acabando el tabaquito, sólo los helicópteros para este ir y venir de nunca acabar.
Reitero, no se gobierna, se hace campaña, con más énfasis en el oriente para redondear el régimen totalitario. Así y todo el masismo tendría que perder una vez más, con tunda incluida, si las elecciones fuesen limpias.