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sábado, 6 de marzo de 2010

porqué meterse con las FFAA? Porqué fastidiar al Ejército? Se siente atemorizado Presidente? Pregunta M. Kemp cuidado que aparezca un tsunami!

No se siente seguro el Presidente? ¿Cree S.E. que a través de un eslogan va a cambiar totalmente la mentalidad de las Fuerzas Armadas de la Nación? ¿Por qué no deja tranquilo al Ejército y se aleja de embromar hurgando los petos? ¿Acaso las FFAA no han tenido un comportamiento ejemplar y hasta sumiso con él? ¿No sabe que le pueden picar si quiere menear la colmena? ¿Y que la picazón es dolorosa? ¿Y que los movimientos sociales después lloran desconsoladamente?

No nos referimos al Alto Mando, que puede ser afín a los dictados de S.E., como lo ha sido en los últimos años, sino a los oficiales y cadetes que son miembros de las FFAA porque los llamó su vocación. ¿Estarán ellos de acuerdo con la consigna guevarista de: “Patria o muerte, venceremos”? ¿O serán leales al viejísimo y glorioso: “Subordinación y constancia, ¡Viva Bolivia!”?

Lo cierto es que no habría que discutir el tema porque parece inocuo. Pero esto del Ejército Nacional no es lo mismo que ordenar en un sindicato de cocaleros del Chapare. O de lanzar consignas en los ya famosos movimientos sociales. Ahí, entre cocaleros y sindicalistas urbanos, S.E. puede decir lo que le dé la gana y ordenar lo que sea. Tiene la autoridad que le ha dado el voto. Pero hurgar los petos en las FFAA, una institución anterior a la República apuñalada, no es conveniente, porque puede aparecerle algún respondón.

¿El Gobierno quiere volver masista a todo el Ejército? ¿Quiere humillarlo sustituyendo el lema del Che Guevara —un invasor a mano armada— por el clamor patriótico que se impuso en la guerra del Chaco? Es una estupidez total. ¿Quiere S.E. que las FFAA enarbolen la wiphala al igual que la tricolor? ¿Qué al lado de la tricolor esté el multicolor gay en los uniformes? ¿Porque lo dicta una Constitución trucha? ¿Van a cumplir los militares oficio de panaderos o de repartidores del bono Juancito Pinto? Todo tiene su medida. Las FFAA están, constitucionalmente, fuera de su papel fundamental de defensa de la soberanía nacional y la Constitución, para participar en el desarrollo integral de país, lo que no significa, en modo alguno, subalternizarse a labores secundarias, casi domésticas.

Ya es suficiente que las FFAA hayan aceptado desfilar en las grandes fechas patrias con milicianos masistas. Que se entremezclen los pasos marciales del Colegio Militar con los tropezones de quienes sólo han marchado para bloquear caminos. Es comprensible —aunque no se justifica— que los altos mandos sean obedientes al poder supremo porque los jefes reciben dádivas en aduanas, consulados y hasta en la Asamblea Legislativa. Pero, ¿a quiénes representan las FFAA? ¿Son el viejo Ejército republicano o uno nuevo del Estado Plurinacional? Si no se hace un referéndum nacional sobre el papel de las FFAA, ¿no habrá de hecho un referéndum interno en los cuarteles?

Hay que tener mucho cuidado con el adulo y la lisonja diarias y con esas cosas de “patria o muerte, venceremos”, porque luego puede suceder lo de Venezuela. Que en los mandos más importantes, en los que conducen las brigadas más poderosas, Chávez está tratando de imponer a oficiales cubanos ascendidos a generales menospreciando a los propios. El presidente Hugo Chávez no confía en sus mandos, recela, teme, y busca incondicionales militares cubanos que no pueden tener el menor interés en deponerlo, porque naturalmente no lo van a suceder en el poder.

No vale la pena que S.E. continúe con su persistencia en crear un ejército del MAS. No sirve que los fiscales quieran irrumpir a viva fuerza en sus cuarteles en busca de documentos acusatorios que no existen. Las FFAA son de Bolivia, de la República de Bolivia. Algunos estarán al lado S.E., muy satisfechos, pero no todos. Habrá militares que obedezcan ciegamente los mandatos de S.E., sin embargo otros aguantan incómodos. Es bueno que sepa el Presidente —que lea la historia— que lo que parece un mar en calma puede convertirse, en cualquier momento, en un mar furioso, en un tsunami.

*Manfredo Kempff Suárez
es escritor y diplomático.