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jueves, 29 de abril de 2010

Caracas está negociando armas que Bolivia parece no necesitar con Putín dentro de una trepada armamentista que preocupa anota puntual L.N. de Bs.As.

El autoritario gobierno de Hugo Chávez es responsable directo de haber convertido a Venezuela en la principal preocupación de la región en materia de paz y seguridad.

Esto no sólo se debe al apoyo encubierto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), denunciado por el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, general Douglas Fraser, sino también a su permanente desprecio al principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados.

El principal damnificado de esa inconducta es el vecino Colombia: en vísperas de las elecciones de las cuales surgirá el sucesor de Alvaro Uribe, los principales candidatos rechazaron cualquier tipo de injerencia externa, sobre todo de Chávez.

Del él se sospecha, a su vez, por su estrecha relación con el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. Si bien ese país está creando lazos diplomáticos y comerciales en América latina, no hay pruebas de que esté en sus planes tener presencia militar en la región. La relación con Venezuela, no obstante ello, no deja de ser opaca y preocupante, como lo demuestra un importante cargamento de explosivos y materiales para fabricarlos que fue interceptado por Turquía en el puerto de Mersin, en diciembre de 2008; estaba destinado a la fábrica de tractores iraníes emplazada en la cuenca del Orinoco.

Otro cúmulo de especulaciones despierta la relación con Rusia, fortalecida en ocasión de la visita del primer ministro Vladimir Putin a Caracas. En su transcurso se anunciaron compras de armas de todo tipo.

A las operaciones ya concretadas se sumaron tres submarinos Varshvianka y 92 tanques T-72. Además, blindados, helicópteros de combate, aviones de patrulla Iliuchin 114, lanzadores de misiles, y sistemas de defensa antiaérea S-300 que cuentan con misiles de largo alcance. Estas compras, estimadas en 5000 millones de dólares, se adicionan a los 4000 millones de dólares ya destinados por Chávez al mismo fin, lo cual refleja una notable militarización de su país.

La Argentina se ha mostrado en contra del armamentismo. Mantiene, sin embargo, una actitud semicomplaciente con el régimen de Chávez. Es hora de denunciar específicamente la peligrosa carrera armamentista que se ha motorizado desde Caracas, cuyas ramificaciones aparentemente se extienden a Nicaragua, Ecuador y Bolivia.

El propio Evo Morales, tras viajar a Caracas para reunirse con Putin, está negociando la compra de un paquete de armamentos rusos que Bolivia, con otras prioridades, no parece necesitar, como tampoco los necesita Venezuela.