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jueves, 1 de abril de 2010

"la guillotina" otro vocablo de la Revolución Francesa que el vice García Linera cita con sarcasmo es analizado en esta nota

El cerco y la guillotina

Editorial del diario EL DIA de Santa Cruz de la Sierra


Alguien tiene que decirle al presidente Morales que está muy cerca de caer en el ridículo internacional con su supuesta lucha contra la corrupción, mediante una ley que el propio vicepresidente García Linera ya acepta en calificar como “ley guillotina”. El mundo ya sabe muy bien que se trata de un ajuste de cuentas y la búsqueda de un pretexto para eliminar el pluralismo político en Bolivia.
Al momento de promulgar dicha norma, el Primer Mandatario hizo un llamado a los países y organismos internacionales a no proteger ni dar cobijo a aquellos bolivianos a quienes él pretende sentarles la mano. Un día antes de esta invocación y obviamente, previo a que la norma entre en vigencia, la ministra de Transparencia, Nardi Suxo, confesó públicamente que ya tiene la lista de los primeros que van a subir al patíbulo. Es la misma funcionaria que hace una semana en la OEA se enredó frente a los delegados de todo el continente tratando de desmentir que en Bolivia se ha retrocedido a épocas cavernarias con el asuntito de la retroactividad.
El pedido del Presidente hacia los gobiernos del mundo es ridículo porque lleva implícita la creencia de que la justicia en otros países se la puede manejar como en un sindicato, tal como está sucediendo en Bolivia. O es que cree este Gobierno que a un simple pedido del Presidente, las naciones amigas van a cerrar sus fronteras para impedir, sin la debida justificación legal, el paso de ciudadanos que no gozan de las garantías para un juicio justo en el territorio nacional. El derecho internacional existe justamente para proteger los derechos humanos y darle protección a cualquier individuo frente a regímenes abusivos e irrespetuosos de las leyes. Ni siquiera en casos como el de Gonzalo Sánchez de Lozada un Estado se atrevería a “facilitar las cosas” sabiendo que está conduciendo al acusado a un linchamiento.
El Gobierno cree que Bolivia es una isla, como Cuba, y que no sirven para nada los tratados internacionales que la propia Constitución reconoce como preexistentes y vinculantes a las normas bolivianas. Seguramente cree que lo de la retroactividad saltó en la OEA por una simple curiosidad de los delegados y que un reciente informe de la ONU, que refleja cómo se está manejando la justicia en el país, sirve apenas como una anécdota.
Por su avidez de poder, el MAS está desaprovechando una genuina legitimidad que le hubiera servido para encarar una verdadera lucha contra la corrupción y la impunidad, enmarcada en el estado de derecho. La torpeza y el abuso, que se han hecho más patéticos aún con la canallada dirigida hacia el cardenal Julio Terrazas, sólo sirven para quitarle méritos a los propósitos del Gobierno y por supuesto, contribuyen a desacreditar el régimen que conduce Evo Morales.
El Gobierno no se da cuenta que el cerco que pretende levantar para evitar la estampida de sus enemigos políticos se puede volver en su contra. Los estalinistas que rodean al presidente Morales deberían ver lo que está sucediendo con Cuba, país que ha colmado la paciencia internacional y que está contribuyendo a generar una nueva corriente de intolerancia frente a los atropellos que durante una década han estado cometiendo contra la democracia y el estado de derecho los gobiernos populistas en América Latina.

Evo Morales está buscando la complacencia internacional frente a acciones de persecución que han comenzado a ser cuestionadas.