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domingo, 18 de abril de 2010

los desaciertos, excesos, violaciones a la Ley y contra los DDHH que viene cometiendo EVO se van haciendo más indisimulables. Veamos:

Plan de contingencia

Editorial del diario cruceño EL DIA

Sin el arrollador apoyo de los votos -64 por ciento, nada menos-, Evo Morales luciría cada vez más como un dictador. En los hechos, nadie puede afirmar que en Bolivia está funcionando la democracia; es más, cada vez se entiende menos de qué se trata eso. Si hasta contratos en inglés habían sabido aprobar los representantes del pueblo. “Así debe ser”, creerán muchos de los que levantaron la mano el otro día como siempre lo hicieron en los sindicatos y organizaciones sociales donde la duda es castigada a chicotazos.
Todos esos “detalles” comienzan a notarse con mayor claridad cuando el voto cambia de dirección, como sucedió el pasado 4 de abril, y pese a que Evo Morales trata por todos los medios de distanciarse de ese tropezón electoral y con mucho más ahínco se esfuerza para que no se vea como una derrota, el bulto está, tiene dueño y lo peor de todo es que sigue provocando pánico en las filas oficialistas. Que los digan los candidatos del MAS que perdieron las elecciones de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz. Cuando se van los votos es como cuando se apaga la música en una fiesta o se acaba la bebida; el desorden aflora como si hubiera estado oculto por el ruido.
El Gobierno del MAS está en serios problemas no sólo por lo que le ha sucedido el 4 de abril. La estridencia populista, comandada por Chávez y los Castro ha bajado de tono y hoy más bien comienzan a sonar marchas fúnebres que podrían cobrar ecos en todo el continente, donde parecía irreversible el expansionismo bolivariano. Lo de Honduras fue un tremendo golpe para el bloque y la muerte de Orlando Zapata en La Habana, mucho más, lo que ha obligado a regímenes como el de Correa, Lugo y Mujica, a pisar el embrague y en algunos casos, poner el guiñador en otra dirección. Bolivia era el más firme, el más legítimo y el que tenía el mayor respaldo ciudadano en el grupo del ALBA y no puede ser menos que la histeria la respuesta ante una señal adversa en las urnas.
La dolencia y también el remedio fueron señalados desde el primer momento, aunque había que cubrir de alguna manera los gritos del enfermo para disimular el doloroso tratamiento. El presidente Morales ha apuntado a las cortes electorales, cuya independencia debe ser borrada de cuajo y el método más apropiado, el que ha funcionado perfectamente en el Poder Judicial ha sido el descrédito. Acaba de insistir el Primer Mandatario en que el 4 de abril hubo fraude y que los responsables merecen la cárcel. Los fiscales ya hicieron su avanzada en la institución y el zarpazo final podría darse cuando toque cambiar a las autoridades. Con todos los vocales desacreditados y con la opinión pública distraída por cuentos de terroristas y encapuchados, el dedazo de Evo Morales pasará casi desapercibido y seguramente no faltarán dentro de la Corte Electoral, (tal como sucedió en la Corte Suprema), los que decidan correr la silla y darle cabida a los nuevos colegas.
El camino que sigue también está marcado. Ya se habla de nuevas modificaciones a las leyes electorales y también se ha manifestado la intención de llegar al voto electrónico, método que le ha servido a Hugo Chávez para seguir manteniendo altos niveles de votación que le ayudan a disimular su torpe dictadura.

El voto es el respaldo de Evo Morales para evitar que lo llamen dictador. Un cambio de dirección es grave y por eso trata de tomar las cortes.