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miércoles, 14 de abril de 2010

una y otra vez el Cardenal Julio se ha referido al miedo colectivo que empieza a apoderarse del pueblo boliviano. No podemos dejarnos vencer. Editor

¿Cómo superar el miedo colectivo?

Mauricio Aira

Todos sentimos miedo alguna vez, el que asociado a la prudencia nos ayuda a reconocer cuándo este miedo podría poner en peligro nuestra integridad. Lo grave es cuando nos paraliza e impide realizar acciones, se convierte en tóxico que daña la salud y el bienestar. Es lo que está sucediendo en Bolivia particularmente en Santa Cruz, miedo a un Estado convertido ya en una monocracia, con jueces y fiscales a sus órdenes que ha subalternizado la Justicia y la instrumenta cada día utilizando los medios como instrumento de presión sicológica que hace estremecer y altera según los expertos las palpitaciones que envía menor cantidad de sangre al cerebro, dilata las pupilas y produce mayor cantidad de las hormonas del miedo: adrenalina, noradrenalina y los corticoides que impiden una coordinación de los sentidos hacia la creatividad.

Cuando el Cardenal Terrazas una y otra vez en sus homilías nos previene de no caer bajo el influjo del miedo nos invita a reconocer que sí, tenemos miedo, sin que ello signifique un síntoma de debilidad. Identificar cuál es el miedo colectivo que afecta a los bolivianos es algo más complejo pero no imposible porque desde el ascenso de Evo Morales al poder, en un momento de algarabía y esperanza de que finalmente se daban las condiciones para andar juntos por los caminos de la construcción de la Patria común, se ha procedido a un metódico, diabólico plan de desunión, de separación “aquí los míos que son los buenos. Allá los demás que son mis enemigos”. El país entero es testigo viviente del proceso de desarme, de la desactivación de las instituciones nacionales, de la descalificación de personalidades, de la negación de cuanto de bueno, positivo, patriótico y constructivo figura en nuestra historia reciente, en lo contemporáneo, en que no existe nada de valor para el Régimen.

Los medios de comunicación (no propiedad de los MASISTAS) han librado, están librando una desigual batalla que desde fuera se perfila como ejemplar y valiente en la defensa de los valores tradicionales de la bolivianidad, procurando brindar una información lo más transparente posible de la noticia político-social, lo que no resulta nada fácil porque los funcionarios hacen abstracción de informar con la verdad, orientando a los ciudadanos con sesudos artículos y buscando y denunciando los errores en los que cae el evismo.

Fruto de una acción sin desmayos ha sido la revelación, al menos la documentación de crímenes cometidos por el aparato represivo del Gobierno que justamente en ésta fecha asesinó hace un año a tres ciudadanos extranjeros en un hotel de Santa Cruz de la Sierra, en cuya justificación ha sido montado un equipo de fiscales, armados de todos los imaginables recursos para librar a Evo Morales de la responsabilidad directa en la masacre por cuando en tribunales internacionales de Justicia están en marcha procesos judiciales por crímenes de lesa humanidad y que, como es sabido después del caso Pinochet, no prescriben y no son transferibles, son delitos de tipo invidual que persiguen al responsable por siempre jamás.

Si el miedo enfría, detiene, paraliza y causa estragos en el cuerpo y la mente de las personas del colectivo boliviano y que se expresa en el stress, la angustia, la depresión y las adicciones al alcohol, la droga o la apatía o que da lugar a la crisis de pánico. No resulta extraño entonces que todos los bolivianos estén concretando sus planes de salir al exterior, como ocurrió en un momento con cubanos y venezolanos que fueron o se autoexiliaron con toda la dramática complejidad que trae consigo una decisión tan drástica.

Contrariamente al miedo existe el sentimiento del amor y la fe, a que también se refiere el Pastor. Muchos han dejado de ver los noticieros nocturnos reemplazándolos por lecturas constructivas, o escuchar música relajante o reponer algún film entretenido. O sea ha llegado la hora, como en China se practica de una terapia colectiva. Cerrar los oídos a la prédica del odio que siembra el miedo y concentrarse en la meditación, la oración y la familia.