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sábado, 22 de mayo de 2010

inaceptable falta de equidad. detenciones. persecusiones. manipulación de la justicia. castigo a Santa Cruz de la mano de Evo. indignación colectiva

No sólo es deplorable sino que reviste características de inaceptable la falta de equidad con que se manejan asuntos que punto menos que son de vida o muerte, en particular para gente cruceña o que reside en esta nuestra cálida llanura grigotana.
Esa inaceptable falta de equidad que nos lastima además de generar en cada uno de nosotros un acentuado recelo, está dando al jopo, como vulgarmente decimos, con el asunto del terrorismo, instrumento supuesto de una conjura separatista, que en medio de sorprendente ruidaje, se viene aquí manifestando con prescindencia absoluta, total, de investigadores, acusadores y jueces, amén de otros actores, de la jurisdicción local.
La omisión de que somos objeto nos obliga a preguntarnos, elementalmente, si se llamaría a investigadores, acusadores y jueces y otros de parecidos rangos, para que desembrollaran, pusieran en claro, juzgaran y condenaran o absolvieran a presuntos protagonistas de hechos culposos ocurridos en La Paz o en Cochabamba o en alguna plaza de las alturas territoriales.
Desde la sede de gobierno, por decir algo, ¿estarían requiriendo, previos pagos de pasajes de avión, viáticos de ley, hoteles y otros mayores o menores, a fiscales, investigadores, jueces y acusadores cruceños de buena o regular o incluso dudosa cepa, para que concurran y provean la dilucidación plena con más las sentencias inapelables, sobre un caso similar al que nos ocupa, pero montado y llevado hasta su final, allí en la ciudad al pie del Illimani majestuoso?
Nos atrevemos a decir rotundamente que no. En ningún caso, bajo ninguna circunstancia, desde las alturas se buscaría o más bien se desplazaría personal cruceño, por idóneos que fuesen sus antecedentes y altamente probada su capacidad e imparcialidad, para definir la situación jurídica, la culpa de los involucrados en alguna presunta grave acción consumada en torno de la plaza Murillo.
Pero en tratándose de la jurisdicción cruceña tenemos que tragárnoslas todas, admitiendo sin reparos que un fiscal venga a repartir palos a diestra y siniestra y hasta no pocos de ciegos y que de igual modo lleguen los juzgadores y cuanto otro personal subalterno sea destacado para expedirse con sus propias recetas.
¿Están sacramentadas la imparcialidad, la infalibilidad a la par del dominio de las ciencias jurídicas de los juzgadores del interior del país? ¿Son, sin remedio, sin compostura e incompetentes y venales los nuestros? ¿Es que a nosotros, en nuestros llanos cálidos, no nos queda otra que dejarnos arrear como borregos? ¿Es o no ofensiva la omisión de que reiteradamente se nos hace objeto?