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lunes, 30 de agosto de 2010

Bolivia otra vez un pueblo sin destino y sin futuro. Dante Pino pronostica que se acaba el tiempo. el miedo se apodera de aquellos qe tomaron el poder

Cuando comienza a sentirse que el apoyo social cambia de piel, el miedo se apodera de aquellos que, usando ese apoyo, se envuelven en mantos autoritarios y se muestran tan poderosos que suscitan la envidia, al punto tal, que todos quieren ser como ellos: poderosos.

Entonces comienza escucharse otro tono de la misma canción. Es el resultado de la impaciencia. Porque se sabe que en Bolivia nada dura, como no sea la miseria planificada. Los movimientos sociales del gobierno no tienen fe ni creen en su proyecto. Lo sienten tan transitorio como los otros. Y eso los mueve a querer tener buenas pegas antes que se acabe.

Quieren renuncias en todos los niveles de la administración pública, quieren leyes que aparentemente les benefician, como el proyecto de Ley de Pensiones que dará al suelo con las rentas jubilatorias para solaz de unos cuantos dirigentes, que al no poder ser Ministros, piensan en ser Directores del área de pensiones y hacer lo que otros hicieron hace no pocos años.

Quieren ser ministros porque son indígenas originarios y eso les da derechos especiales en la Constitución. Quieren ser Presidentes, porque si el Evo pudo llegar al cargo, nadie puede sentirse menos que él. Y en esto, cosa curiosa, participa la oposición política que cree que un ignorante se combate con otro, para salir del problema. Del fuego a las brasas, dirían antes.

Todo esto no es más que la demostración de que nadie cree en nada de lo que dicen creer. Porque si fuera cierto, en vez de pelearse por las pegas estarían trabajando. Aunque, por otra parte, visto está, que el gobierno es un verdadero tarajchi, al que le gusta apoderarse de la casa construida y a eso le llama proceso de cambio. Lo que incentiva el comportamiento de tener poder público para quitarles a otros su trabajo.

Bolivia está atada a la rueda de la destrucción, cada giro que da tritura la propia existencia nacional. Se está perdiendo la consistencia de la misma identidad y parece que la noche que le ha cubierto no tiene aurora.

Desde el exterior se nos mira como un pueblo sin destino y sin futuro. Al que se le puede sonsacar su riqueza, ahora con más facilidad que antes. Pues hay un gobierno que no entiende lo que pasa en el mundo y menos lo que pasa en sus propias narices. No hay proyecto. Y en el vacio no se construye.