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domingo, 26 de septiembre de 2010

con la maestría que le es propia Carlos Mesa esgrime la pluma contra Evo y su pretendida reelección. advierte que es otro engaño y otra mentira

El Presidente --¡Chocolate por la noticia!-- nos ha hecho saber lo que todos sospechábamos y/o dábamos por hecho, que piensa ser candidato a la presidencia nuevamente el 2014. Morales quiere ratificar lo que caía de maduro, que el objetivo suyo y de quienes lo rodean es perpetuarse en el poder.

No tardaron los corifeos del mandatario en prosternarse. Sin ruborizarse le piden que se reelija indefinidamente. ¿Qué haría Bolivia sin la luz esclarecedora del talento, la visión, la valentía, la fe revolucionaria y el don de liderazgo material y espiritual de Morales? ¿Cómo arriesgar a que la larga noche de la contrarrevolución neoliberal aceche al nuevo Estado sin la mano firme y sabia del gran líder?

¿Cree el lector que estoy haciendo ironía? No esté tan seguro. Llega un momento en que uno se pregunta si realmente el Presidente no se cree él mismo este discurso y si no hay muchos miles de compatriotas que también se lo creen, a fuerza de haber vivido estos cuatro años y medio en este delirante camino de excesos, tergiversaciones del pasado, invenciones sobre el presente y promesas de paraíso de cara al futuro. Un universo en el que Túpac Katari, Robespierre, Marx, Lenin, los guerrilleros indígenas, los bolcheviques, los socialistas del Siglo XXI y los socialistas comunitarios van y vienen, entran y salen, dan discursos y toman decisiones, reparten cargos, dan prebendas y repiten el viejo libreto para contentar a aquellos que les piden, como a los caudillos militares del Siglo XIX, “darle un día de gloria la Patria”. En este caso, el día quiere convertirse en un par de décadas.

Pero lo más duro de todo es el cinismo y la frialdad con la que las autoridades de este Gobierno prometen, acuerdan, firman leyes para que “nadie dude” y antes de que sus interlocutores se hayan dado la vuelta, rompen esos compromisos, traicionan su palabra, pasan por alto los textos de las leyes y la firmas que estamparon al pie de sus textos.

En 2006, el Gobierno traicionó su palabra y engañó a quienes les hizo creer que ésta valía, cuando decidió que los artículos del proyecto de nueva Constitución se votaran en la Asamblea Constituyente por mayoría absoluta y no por dos tercios como decía la ley. Gracias a eso es que tenemos la Constitución que tenemos, a cuya cuenta hay tres muertos y un centenar de heridos por los que muy pocos claman hoy.

En 2008, para resolver la grave crisis de violencia, tensión y lograr un acuerdo que viabilizara el espurio texto constitucional aprobado en un instituto militar en las afueras de Sucre y en Oruro, el presidente Morales se comprometió a aceptar que su segundo mandato (el que está en actual vigencia) sería el último y que no podría ni intentaría ir a una nueva reelección. El art. 169 de la Constitución dice: “El periodo de mandato… del Presidente… del Estado es de cinco años, y (el Presidente) puede ser reelecto de manera continua por una sola vez”. En la disposición transitoria primera parágrafo II de la misma Constitución dice: “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución serán tomados en cuenta a los efectos del cómputo de los nuevos periodos de funciones”. Eso quiere decir que Morales ya ha sido reelegido de manera continua una vez y que por tanto, no puede presentarse como candidato presidencial el 2014. Por si las dudas, el nuevo Código Electoral tiene una disposición expresa en el mismo sentido.

Ambos artículos fueron producto de una renuncia explícita del Presidente, decisión que contó como testigos con la presencia de representantes internacionales, entre ellos funcionarios de la ONU y de la OEA. Pero ¿A quién le importa? Es deseo del primer mandatario perpetuarse en el mando y punto. Ahora toca inventar argumentos, o mejor que eso, generar el “pedido espontáneo del país entero”, que implorará al gran jefe que no nos abandone.

Vendrá inmediatamente la etapa de la protesta. Diversas voces, entre las que me cuento, que pondrán en evidencia esta forma de burlarse de los compromisos, de su propia ley, la Constitución, de lo que costó el acuerdo, de los testigos internacionales que, como en los juegos de cartas, “son de palo” y parece que no le hacen muchos remilgos a ese poco afortunado papel.

Pero, pase lo que pase, no debemos perder nuestra capacidad de sorpresa y nuestra obligación de cuestionar las arbitrariedades. Nuestra obligación es seguir recordando que una democracia de verdad no funciona así, que la ley debe respetarse y que no es admisible que las autoridades de gobierno hagan literalmente lo que les viene en gana cuando les viene en gana y: “aquí no ha pasado nada”. Sí, ha pasado, pasa y seguirá pasando, porque el país entero se está acostumbrando a que la ilegalidad, la falta de seriedad y de respeto del valor de la soberanía popular sean moneda corriente. ¿No era que quienes votaron por Morales el 2006 lo hicieron para que esas prácticas se acabaran?

La respuesta del Poder Ejecutivo es previsible. Sí, el Presidente ha decidido reelegirse ¿Y qué?...