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jueves, 30 de septiembre de 2010

respuesta al Sr. Arias que lanzó sombras sobre Suecia en relación al racismo...

Racismo no. Racistas los hay

Mauricio Aira

Racismo institucionalizado, sistemático y perverso no existe en Suecia. Otra cosa sería negar que racistas sí, existen, como en todas partes. Siendo una sociedad formada en la más diáfana doctrina humanista de justicia e igualdad, los pensadores se han cuidado mucho desde siempre de extirpar toda fuente doctrinaria, política o social que pudiera conducir a la práctica del racismo o al uso de privilegios por un grupo de la sociedad en menoscabo de las mayorías.

Por tanto cuando un articulista aparece aquí dando paso al sentimiento frustrado de alguno que vivió en Suecia y dice haberse sentido discriminado en los 30 años de su permanencia replicamos que tal condición no puede generalizarse so pena de caer en la injusticia y de desvirtuar lo real. Ahora que vivir en Suecia y gozar de todos los beneficios de una comunidad progresista y competitiva sea difícil en relación a otros lugares, es muy posible.

Para empezar tiene un 15% de su población no nacida en Suecia. Los musulmanes pasan de 400 mil, nacidos en Chile pasan de 50 mil, bolivianos quedan alrededor de tres mil, un total de más de 80 nacionalidades diferentes forman el universo de extranjeros que pausadamente se van entroncando a una realidad que se resiste aceptarlos fácilmente, que les exige conocimientos de su idioma, su cultura, sus costumbres sin obligarles para nada a renunciar a su propia original idiosincrasia. Si existiera racismo institucional, tan enorme masa humana no sueca, no habría podido subsistir y menos aún establecerse en su nuevo país, en las mismas condiciones que los demás.

Alrededor de los 1830 más de un millón de suecos emigraron a EEUU para buscar mejores oportunidades porque el hambre y la pobreza les obligaron. Muchos regresaron al cabo de los años y su población hoy es de 10 millones en un territorio de algo más de 400 mil kilómetros cuadrados. Laborioso y armónico el ciudadano ha construido una sociedad de bienestar admirable en muchos sentidos, no perfecta, que no la hay sino adaptada al ser humano garantizándole lo mínimo para una existencia decente. El derecho al trabajo, a la educación, a los cuidados de salud, al trato igualitario y solidario con quienes lo necesitan o sea los enfermos, los recién llegados, los que por alguna causa no pueden incorporarse al mercado de trabajo está sólidamente garantizado.

Las reglas que rigen el proceso de integración son severas, el individuo tiene que dar señales de respetarlas, así la indisciplina laboral no se tolera, ni una conducta poco solidaria con los demás. Se podría decir que sí existe discriminación contra los parásitos de la sociedad, los que perturban la paz social (ladrones, violentos, intolerantes, anárquicos) sin embargo a nadie se le niegan recursos periódicos y sostenidos para su subsistencia, de modo que la fuente de información que cita el columnista de marras, se refiere a casos aislados, de insultos o maltrato proferidos por otros ciudadanos que no por autoridad alguna, ni por la norma.

Los permisos de residencia no son fáciles de obtener y se conceden bajo estrictas condiciones hoy similares para todos los países miembros de la Unión Europea, dadas las circunstancias de la crisis económica y el fenómeno del terrorismo son cada vez más limitantes. Que hay personas sin papeles es cierto, en muy escaso número, por ello permanecen al margen de todo beneficio, para estos pocos la vida en Suecia puede parecer un infierno, aún así si lo piden tendrán asistencia.

El tema de la vivienda resulta muy sensible para los desocupados, estudiantes, personas sin referencias cuya solicitud de alquilar un departamento en las grandes ciudades especialmente les es denegada. Los propietarios, generalmente empresas municipales, les niegan el acceso por lo que es difícil trasladarse de la vivienda que les fuera originalmente asignada.

Mantener ecuánime la valoración del tema nos ha llevado a repasar cerca de un centenar de comentarios escritos por estudiantes y eventuales trabajadores especialmente de España que han pasado por Suecia la mayoría críticos del sistema sea porque no les fue dada la visa de residencia o no pudieron conseguir un trabajo estable, el persistente no de la autoridad les llevó a la conclusión de ser este un Reino de discriminación y de injusticia.