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viernes, 8 de octubre de 2010

porque recuerda a Cochabamba donde pasó su niñez, casó con una cochabambina, porque defiende la libertad el Nobel nos concierne (L.T.)

Éste es “el Nobel del bicentenario de la América hermana. Es el premio merecido a la lengua española. Es el Nobel a las dos orillas del español”

Después de 20 años, un latinoamericano recibe el Premio Nobel de Literatura. Se trata del peruano Mario Vargas Llosa, eximio escritor, agudo periodista, polémico político y, en un acompañamiento consecuente, severamente principista.

Es posible creer que, a diferencia de otros premiados, con Vargas Llosa no habrá mayor polémica, pues su obra literaria es de gran calidad y, por lo demás, ampliamente conocida y reconocida en el mundo entero.

Es posible creer que tampoco surgirá polémica por el lado de su defensa de las libertades humanas. Más allá de su posición política, hay una constante en su línea de denuncia de la violación de los derechos humanos y allí donde considera que se erige un régimen autoritario, ahí está su voz de protesta.

En este sentido, en momentos en los que en varios países de nuestra región se mantienen o aparecen proyectos autoritarios, este Premio Nobel tendrá un sabor amargo para los conductores de esos procesos porque, de seguro, Vargas Llosa se encargará de bregar con más ahínco en la denuncia de los atropellos y exigir el respeto a las libertades del ser humano. De hecho, en su propio país renunció no hace mucho a un sitial de dignidad como era presidir la comisión encargada de la construcción e instalación de una especie de Museo del Horror para que los crímenes cometidos en contra de los derechos humanos, particularmente durante la guerra impulsada por Sendero Luminoso y en el régimen de Alberto Fujimori, no sean dados al olvido, y lo hizo porque se aprobó (y luego felizmente derogó) una disposición que abría una brecha para que uniformados comprometidos en la violación de derechos humanos pudieran ser amnistiados.

Donde sí habrá polémica –pero no viene al caso comentar por el carácter del premio obtenido– es sobre las posiciones políticas de literato con las cuales habrá gente que comulga y otra que las rechaza.

Empero, más allá de estas especificidades, lo cierto es que si bien la obra de Vargas Llosa ya ha alcanzado por sí misma valor universal y, por tanto, proyección perenne, con el Premio Nobel este prolífico autor ingresa al mundo en el que lo esperaban Gabriela Mistral (1945), Pablo Neruda (1971), Gabriel García Márquez (1982) y Octavio Paz (1990), los latinoamericanos en los que el planeta ha reconocido a lo más representativo de la región en el campo de la creación literaria.

Además, no es menor tema recoger la afirmación del propio laureado en sentido de que éste es “el Nobel del bicentenario de la América hermana. Es el premio merecido a la lengua española. Es el Nobel a las dos orillas del español”, más aún en tiempos en que hay corrientes en que quieren desconocer el español como la lingua franca de la región.

Por último, es pertinente recordar que el premiado ha relatado, en innumerables oportunidades, que los años más felices de su existencia los vivió de niño en Cochabamba, razón por la que expresa su afecto especial por estas tierras. De hecho, está emparentado con una familia de este terruño, relación que es ricamente narrada en una de sus célebres obras así como en un libro autobiográfico en el que revela, sin concesión alguna para sí mismo, su discurrir por la literatura, el amor y la política.

Por esas razones, la verdad es que el Premio Nobel 2010 nos atañe y nos alegra.