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viernes, 26 de noviembre de 2010

cada vez que la Iglesia menciona el narcotráfico Evo se siente aludido y ataca en forma rabiosa. a Espinal lo asesinaron por publicar sobre la droga.


Cualquier alusión que hacen los obispos bolivianos al flagelo del narcotráfico y su descontrolado crecimiento es tomado por voceros del Gobierno nacional como una ofensa a su gestión.
Con demasiada facilidad el Gobierno se da por aludido en cualquier caso en que se mencione este flagelo, pero nunca sus reacciones habían llegado tan lejos como ahora.
Esta vez, el obispo de Cochabamba, monseñor Tito Solari, dijo que en el Chapare se vende droga, y que incluso algunos niños son usados para ese fin.
Organizaciones políticas y sindicales afines al Gobierno nacional han creído que llegó la oportunidad de dar a la Iglesia católica un golpe duro, y se han dado a la tarea de hacer declaraciones de acoso al obispo, llegando incluso a sugerir que sea expulsado del país.
Decir que en el Chapare hay droga es una verdad de Perogrullo. Lo sabe todo el mundo.
El propio presidente Evo Morales dijo en octubre que estaba impresionado por el lujo de los vehículos en que habían llegado a una reunión los dirigentes sindicales de los cocaleros.
Las estadísticas oficiales muestran que la construcción de viviendas lujosas es común en esa región, donde se da el mayor consumo de cemento per cápita del país.
Que el Gobierno nacional se niegue a aceptar esa realidad es algo que debe preocupar a los bolivianos, pues implica que no se están tomando las cosas en serio y que el narcotráfico no es visto como el flagelo que podría acabar con el país.
Los propios chapareños están alarmados con el grado de violencia que se da en la región. Justamente cuando algunos dirigentes sindicales arreciaban sus ataques a Monseñor Solari, los habitantes de Ivirgarzama estaban cumpliendo un paro de 24 horas exigiendo a las autoridades poner freno a la violencia.
No es todavía el grado de violencia que se vive en Ciudad Juárez, en México, donde el narcotráfico ha producido cerca de 30.000 asesinatos en cuatro años, pero es una realidad que ha sido capaz de provocar un paro de protesta en el corazón del Chapare.
Por lo tanto, estamos ante una realidad que es reconocida por los propios chapareños de Ivirgarzama con una acción que cuestiona la gestión del gobierno del presidente Evo Morales.
En estas circunstancias, por lo tanto, rasgarse las vestiduras porque un obispo dice que hay droga en el Chapare y que esa droga está penetrando a la sociedad, es cerrar los ojos ante la realidad.
El Gobierno nacional tendría que llamar a una cruzada de todos los bolivianos para enfrentar este peligro, que es la peor amenaza que se cierne sobre Bolivia. Para ello tendría que convocar a todas las instituciones, incluida la Iglesia católica.
Cuando Brasil exige a Bolivia políticas más vigorosas contra el narcotráfico, cuando Chile prepara una barrera electrónica en su frontera, cuando cientos de ciudadanos bolivianos son capturados con cocaína dentro y fuera del país, lo menos que se debería hacer es reconocer que estamos ante un flagelo más peligroso que todas las amenazas que enfrentó Bolivia en toda su historia.
Ensañarse con un obispo es, en este panorama, un desatino. (Editorial de El Deber, SC)