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domingo, 20 de marzo de 2011

Manfredo Kempf manejando la pluma como espada se refiere "a la guerra boba contra la DEA" que no conduce a nada. compara con otras latitudes y afirma que sin DEA, sin CIA, sin USAID, sin Embajada Evo sigue dando tropezones y averiándose la nariz

No hay duda que si algo caracteriza a este gobierno es su “inflación” cerebral (Canelas dixit). Esa “inflación” es peor, por sus consecuencias, que la que tiene en la rodilla S.E. Es toda una historia chistosa aquella de que una vez expulsados de Bolivia el embajador Goldberg, la CIA, la DEA y la NAS, pensarán los actuales mandamases que todo se habría solucionado y que estarían libres del control gringo para proseguir con sus actividades cocaleras y cocaineras sin tener encima el ojo avizor del águila norteamericana.

Resulta tonto, por decir lo menos, pensar que, por ejemplo, la CIA pueda ser expulsada de Bolivia. Como era idiota pensar que también hubiera sido expulsada de la URSS en su momento. O que la KGB fuera declarada non grata en EEUU y se marchara. La CIA no tiene una oficina con un letrero que la identifique y un rubio uniformado en la puerta. No son instalaciones físicas que están a la vista de todo el mundo. Son organizaciones de inteligencia, pero, claro, un poquito más aguda que la inteligencia de nuestro Ministerio de Gobierno.

La DEA no es lo mismo que la CIA pero esté aceptada o no por el Estado Plurinacional nunca dejará de continuar actuando, sea desde el interior del país o desde afuera. La DEA no necesita pasaportes ni visas de nadie. Tiene un solo objetivo y es cortarle las manos, los brazos y la cabeza al narcotráfico. Para eso no requiere permiso de los gobiernos. La DEA actúa en todo el mundo con esa finalidad. Simultáneamente está en Sinahota como en Estambul. Y por lo tanto, Bolivia no podrá hacer nada para desembarazarse de ella, porque, repetimos, con ojo avizor seguirá los pasos de los narcos, estén o no relacionados con el Gobierno.

¿Qué mejor ejemplo que la captura del general Sanabria? Es absolutamente creíble que la DEA actuara en coordinación con las policías de Chile y Panamá. Y que recurrieran a señuelos y engaños para que el general Sanabria fuera tomando confianza y empezara a salir de su guarida y aventurarse, primero en Chile y luego hasta en Panamá. Una vez allí, ¡zas! la DEA le cayó encima, y los panameños lo pusieron en un avión, de inmediato, rumbo a Miami, antes que abra la boca el Gobierno boliviano. Cuando el Estado Plurinacional se enteró de la captura de Sanabria éste ya estaba con un overol anaranjado y con cadenas en los tobillos.

¿Fue un juego sucio contra Bolivia de parte de la DEA y las policías de Chile, Panamá y la Interpol? ¿Es que los genios del Ministerio de Gobierno de Bolivia tuvieron la peregrina idea de que les iban a informar que andaban, nada menos, que detrás de uno de sus jefes de inteligencia? ¿Para que lo alertaran? Lo malo es que al parecer hasta ahora el señor Llorentty y sus sabuesos no se han dado cuenta que el Estado Plurinacional es casi un interdicto internacional, poco confiable y por lo tanto aislado como una medida de profilaxis en el campo de la drogadicción. ¿Así que resentidos los muchachos del MAS con los chilenos, panameños y con la DEA? Esto sí que es preocupante. Pensar que la DEA le va a soplar un solo dato a Bolivia sobre las actividades de narcotraficantes en su territorio es la estulticia acabada. Salvo, por supuesto, que el gobierno boliviano se lo pida a la DEA y se comprometa sinceramente a colaborar en la captura de delincuentes.

De ahí que resulta una polémica absurda aquello de si la DEA regresa o no a nuestro país. S.E. ha dicho que no regresará jamás, lo que repiten como loros sus ministros y empleados. Y la oposición dice que la DEA debe regresar porque es el organismo más eficaz para controlar el narcotráfico. Pues bien, ni lo uno ni lo otro: la DEA no estará en la guía telefónica de La Paz pero no se ha ido de Bolivia. Como ha dejado entender claramente su jefa Michelle Leonhart, la DEA vigila a Bolivia desde afuera a través de informantes, que, por supuesto, están adentro. Sobra, entonces, el falso debate de si debe regresar o no, simplemente porque está.

Y volviendo al tema profiláctico, no debería extrañarnos que se conforme en torno a Bolivia una suerte de cordón sanitario que nos mantenga en una prolongada cuarentena, donde los organismos de lucha contra las drogas de todos nuestros vecinos, naturalmente con la cooperación de la DEA, nos vigilen. Hacia allí encamina sus pasos el Estado Plurinacional si permite que se sigan expandiendo escandalosamente los cultivos de la hoja de coca y por tanto si se pone materia prima en abundancia a disposición de las mafias.

Que S.E. dé una muestra positiva dejando la presidencia de las seis federaciones de cocaleros del Chapare. Además, muy importante, que la folclórica diplomacia boliviana deje de considerar como su objetivo número uno la legalización internacional de la coca; que no pierda su tiempo miserablemente tratando de convencer al mundo entero que la coca es inocente y hermosa. Aunque tarde, podría lavarnos la cara.