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sábado, 1 de octubre de 2011

Daniel Pasquier explica la ausencia de legalidad y de legitimidad en el episodio Yucumo que muestra "la debilidad del Estado" ante el mundo entero, es que una dictadura hoy es un "acto contra natura".

Trágicos los acontecimientos ocurridos el 25 de septiembre, para detener la marcha por territorio y dignidad de los pueblos indígenas habitantes del TIPNIS. La marcha de los representantes de tres culturas orientales, con sus mujeres e hijos, pacífica, como corresponde a sus culturas, encontró la represión brutal de las fuerzas policiales a orillas del rio San Lorenzo, entre San Borja y Yucumo, Beni. La estrategia del ablandamiento intentada por gobierno de Evo Morales durante más de 40 días, había fracasado. Se perdía un tiempo precioso en calumniar a los dirigentes, desprestigiar a las instituciones de apoyo a la marcha, confundir a la opinión del resto del país sobre las verdaderas intenciones de los reclamos indígenas. Se malgastaba el tiempo necesario para el diálogo en  un ir y venir de invitaciones a reunirse aquí y acullá, mandando gente experta en el engaño, cínicos, ajenos a la ética política, porque sabían de antemano que el verdadero diálogo no era posible porque la decisión ya estaba tomada por “el jefe”, como le llaman al presidente del Estado Plurinacional de Bolivia (EP). Pero el gobierno ha sido derrotado y las consecuencias están todavía por verse.
¿Cuando el Estado es más fuerte? Cuando se gobierna a favor de todos.  Se equivoca el EP  con su predilección por el sector cocalero, ese aglomerado campesino-obrero-minero relocalizado-comerciante-especulador aglutinado detrás del círculo coca-cocaína. Dando palo y metiendo bala en La Calancha, Porvenir,  Caranavi o Yucumo. No es cuestión de nombres, fueron otros en Huanuni, Cochabamba, Tarija, y los resultados fueron los mismos. Siguen clamando justicia los “ajusticiados” en Uncía, El Alto, el Chapare, Achacachi, Tiquipaya y Portachuelo.
¿Manipulando  la información hasta convertirla en mentiras? ¿Creando falsas imágenes ante la ONU, OEA, UNASUR o en Cancún? Se hace fuerte el Estado luchando contra  actividades ilegales. No dejando que el narcotráfico penetre al más alto nivel, caso General Sanabria (del entorno de S. Llorenti); a las hermanas Terán libres, Fidel Surco campante y su mujer casi ciega, igual que la esposa del General López quien denunció contrabando en Pando; no  legalizando autos chutos con facilidades impositivas y, menos, dejar autos robados en manos de autoridades de alto rango.
Pero el genocidio no rinde beneficios. La tecnología en medios de comunicación hace casi imposible que situaciones de importancia pasen desapercibidos o puedan ser ocultados. El abuso ejercido por el EP a través de la represión policial en ese alejado rincón del planeta que es el río San Lorenzo, cerca de Yucumo, se destaca en las principales cadenas de Tv y prensa a nivel mundial.  Tv española pasa de continuo la imagen de  una trulla de soldados correteando, pateando y golpeando a un indígena reducido boca abajo en el suelo y desarmado. Facebook y twitter han hecho el resto. En la conciencia de millones de seres de distinto color, raza, lengua, cultura o inclinación política está la joven indígena ultrajada y arrastrada hacia el monte por dos uniformados, con las manos atadas e inmovilizadas en la espalda, luchando por no ahogarse en la mordaza brutal con cinta de embalaje. ¿Imágenes  de Uganda; acaso gobierna Idi Amín Dadá?   
Genocidio, delito de lesa humanidad. El Tribunal Internacional contra el Crimen sentenció a duras penas a nueve comandantes militares del presidente Slobodan Milosevic, por haber propiciado o apoyado campañas a favor de un ambiente de terror y generar violencia  contra civiles, en los pequeños territorios de la antigua Yugoslavia. El último ha sido capturado 14 años después de los hechos, estos delitos no prescriben. La conciencia de los pueblos del mundo civilizado han  mandado un claro mensaje con la advertencia a los que, creyendo vivir más allá del derecho, se atreven todavía a pisotear a sus semejantes. ¡Eso ya no es posible! 
El EP en situación casi explosiva, para el gobierno y para todo el país.  Los fundamentalistas conducen  a las peores masacres, como la más reciente en Darfour, Sudán,  pendiente de terminar y de ser juzgada. Allí  se unen y mezclan  milicianos, mercenarios y  gente con distintos intereses contra los negros.  Aunque en la lógica, unos son los artífices de la guerra y otros los beneficiados,  interesa remarcar que,  independiente del desenlace, los responsables ya saben que serán juzgados, y que recibirán sentencia.
La campanada de Yucumo. En un lado  milicianos y paramilitares conformados por los autodenominados “interculturales”, definición imprecisa como corresponde a grupos irregulares; pelean por  los intereses del gobierno, extrañamente coincidentes con los intereses cocaleros del Chapare, los productores de coca destinada al narcotráfico.  Del otro, los indígenas, hoy los del TIPNIS, representantes de tres principales culturas, chimán, yuracaré y mojeño. En el desenlace de Rurrenabaque participaron además al lado de los anteriores, como corresponde, los takanas; ahora se suman en apoyo también indígenas andinos. ¿Inspira Evo Morales una guerra étnica?  Gravísimo.
Para gobernar, y para gobernar bien,  hay un solo camino: revestirse de legalidad y de legitimidad. Por el contrario, en el EP la soberbia, más aún que la ignorancia, tomó las riendas el 2006. Contra lo que es signo de los tiempos han pretendido imponer su dictadura; cuando la lucha de los pueblos es incesante y el avance sin pausa en la  conquista de mayor libertad desde hace 2600 años, explicitando  alcances y  limites a los derechos y deberes de gobernantes y gobernados, ¡para que se cumplan! y poder crear sociedades que vivan en justicia y paz.
¡Qué paradoja!  Pocas veces en la historia de Bolivia el Estado ha sido tan débil. Es que, una dictadura en el siglo XXI es un acto “contra natura”, destruye al Estado.  Así, Evo  llega al final del camino cargado de oprobio y de vergüenza, pidiendo perdón por la maldad demostrada; resta a la justicia dictar sentencia por la sangre derramada.