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miércoles, 1 de febrero de 2012

Demetrio Reynolds sugiere tenerle miedo al nuevo gabinete armado para "la reelección del Inca Rey", hace notar el "retorno de los brujos" al Palacio de Gobierno


¡Fue toda una sorpresa! Por su puesto desagradable para muchos. ¿Qué le habría inducido a tomar esa decisión? El Presidente es cada vez más imprevisible. Para la apariencia como Gobierno indígena, aún quedan unos cuantos “floreros”. También el enroque ministerial estuvo a la orden. Por su estampa externa y el signo del juramento, la mayoría es de clase media que no cree en Dios, como aquellos ateos de los Andes en la novela de Costa Du Rels. Ya se verá, es el nuevo gabinete.  
El retorno de Quintana les cayó a algunos opositores como “patada de suegra en el ombligo de la nuera”, ¡contundente! Ahora están tratando de descifrar la actitud enigmática y desconcertante de Morales. Se cree que la famosa “estrategia envolvente” (eufemismo de trampa) empieza a tomar camino hacia una segunda reelección del jefazo en 2014. Para manejar los oscuros recovecos de la politiquería nacional, no hay otro diestro como don Juan Ramón; él es el que se las sabe todas. 
Un rasgo de su temperamento está reflejado en la condena al ex Prefecto de Pando, encarcelado hace más de tres años sin forma ni figura de juicio, manu militare: “lo llevaremos al último lugar de la tierra; lo enterraremos; QEPD; que viva con los gusanos”. Su antecedente castrense (exmilitar) y su paso por la famosa Escuela de las Américas, igual que Banzer y otros dictadores,  resaltan sus condiciones de estratega para los tiempos duros como los que parecen venir para el “hermano Evo”, quien –como es sabido y notorio– no quiere ni pensar en desocupar el Palacio Quemado. “Hemos venido para quedarnos”.
A veces la memoria es una facultad cruel. Hay cosas de las que uno no quisiera acordarse ni que otros se acordaran. El nombre de Quintana fue rememorado en estos días junto a los 33 camiones de contrabando que misteriosamente se esfumaron en Pando; también lo que varios sujetos, entrando a Palacio como Pedro por su casa, se entrevistaron con la autoridad sin que nadie los interrogue siquiera; menos se sospeche de que podían ser, sino dueños de los camiones, a lo mejor cómplices del hecho. 
Aún estamos a tres años de las elecciones, pero la presencia del aludido en Palacio ha generado una sensación de proximidad. 
Se buscaría remontar el efecto de los errores. Por eso el nuevo equipo ministerial es de batalla. No está orientado hacia la eficiencia técnica, como convendría al país en estos momentos. La ratificación de un economista en la cartera de educación y la designación de un ingeniero civil en minería y metalurgia, son señales que apoyan la presunción. “Con que sea un luchador, lo demás no importa”.
No es malo pensar en cómo derrotar al adversario… en las urnas. ¿Pero cuándo se conformará un gabinete pensando en Bolivia?
Los enemigos no son las pobres junt’huchas de la oposición; los verdaderos son aquellos que rondan cerca. Un gabinete en función de las prioridades y problemas del país tendría que recoger el sabio consejo de “zapatero a tus zapatos”, para no seguir codeándose con la mediocridad. A fin de cuentas, no importa el apellido, el indumento ni de dónde procedan los ministros. En época de crisis, lo importante es que “el gato sepa cazar ratones”, como dijera cierta vez un personaje de los negocios.
De cualquier forma, los tiempos potencialmente peligrosos para los políticos y no políticos parecen estar ya a la vista.  “Si no estás conmigo, estás contra mí”. ¡Terrible admonición! Por si acaso, para no irse al otro lado dejando cosas pendientes, no estaría demás caminar por lo menos con el miedo bajo el brazo, ya que precisamente “testamento”, como ha entendido un diputado opositor, no siempre es posible tenerlo, ni razones para hacerlo. En todo caso, “el gabinete del terror” sugiere no ignorarlo, eso sí. Tenerle miedo sería lo más inteligente.