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viernes, 25 de mayo de 2012

Fides realizó una extraordinaria encuesta que deja mal parado a Evo y su entorno por ello el MAS pretendió negar el valor de las encuestas nos lo cuenta Harold Olmos empapado del tema


Una preocupación de los partidos, en el Gobierno o fuera, es mantener y aumentar el grado de confianza que la sociedad transitoriamente les confiere. Cuando esa confianza se rompe y empieza a declinar, se produce un contagio dinámico que en poco tiempo puede erosionar sus bases de sustentación y el resultado parece estar escrito en la pared. Por eso los “pulsos de opinión” son importantes para las organizaciones políticas, que suelen tener encuestadores que les dicen constantemente las marcas de desaprobación/aprobación que aparece en los termómetros. Esas marcas les sirven para ajustar o rectificar el rumbo.
Una encuesta de Radio Fides ha  provocado malestar en el círculo más estrecho del Gobierno y sus seguidores. La razón: Tres de cada cuatro encuestados desaprueban la re-elección del presidente Evo Morales para  un nuevo mandato. La encuesta es un retrato, una imagen del momento en que se lo toma y, por eso, pueden ocurrir variaciones a lo largo del tiempo. La persistencia del retrato dependerá del comportamiento de las personas o instituciones objeto de la encuesta.
Algunos datos: la encuesta fue realizada en 50 barrios de la sede de gobierno entre el 28 y 29 de abril, antes de los sacudones sociales ocurridos este mes. Circunscrita a la ciudad de La Paz, la encuesta consultó a mil personas. Una de las 14 preguntas de la cartilla era: ¿Usted estaría de acuerdo con un nuevo mandato de Evo Morales?
El 75,4 por ciento estaba en contra de un nuevo mandato para el actual Presidente. Sólo un 24,5 por ciento respondió a favor de un nuevo mandato y un minúsculo 0,1 por ciento (una persona de las mil consultadas) no sabía responder o se excusó de hacerlo. Algo también relevante surgió de la encuesta. En esos días, el 70,2 por ciento no confiaba en el Gobierno. Sólo el 29,7 por ciento dijo que confiaba.
Como La Paz fue en casi todas las elecciones de los cinco últimos años un bastión del Gobierno que contribuyó notablemente al 54 por ciento de 2005 y más del 64 por ciento en la reelección que hubo después, la imagen que emergía de la encuesta tocó nervios vivos del partido oficial, el Movimiento Al Socialismo (MAS). Los resultados semejaban un Waterloo en ciernes. Sus dirigentes los rechazaron y temerariamente dijeron que eran falsos. No presentaron otras encuestas que mostrasen un escenario diferente al que trajo la encuesta de la emisora católica, de manera que abrieron una apuesta entre su propia credibilidad y la de Fides. El público decidirá a quién dar la razón.
El senador masista Eugenio Rojas dijo que la finalidad de la encuesta era “hacer quedar mal al presidente”. Como no ofreció ningún argumento técnico a favor de su tesis, se deduce que su comentario fue sólo un reflejo condicionado. Se limitó a expresar la creencia de que la encuesta había sido hecha entre los médicos que esos días –aún no había llegado lo peor- marchaban en las calles contra un decreto que les imponía mayores cargas horarias.
“Esas encuestas son falsas y no comparten (representan) la realidad de la opinión de la gente, principalmente en el área rural”, dijo el diputado Antonio Molina.  Nadie le aclaró que el sondeo era exclusivo de La Paz y que la urbe capital había contribuido decisivamente a los triunfos presidenciales.
Las sociedades pueden soportar durante un tiempo situaciones que le desagradan y que no comparten. Ese estado de ánimo puede llevar a un momento peligroso cuando la pregunta de qué vendrá después deja de angustiar y se vuelve secundaria ante la necesidad encontrar un nuevo curso. Es el punto en que la sociedad empieza a hastiarse. Durante un primer tiempo estaba dispuesta a aceptar errores y pequeñas mentiras. Pero transcurrida con creces la época de prueba, rehúsa concordar con sus líderes y es entonces que la caminata se vuelve empinada.
El autor es periodista