Páginas vistas en total

domingo, 12 de agosto de 2012

cuando Susana Seleme titula "la Gran Estafa" no se refiere al film estadounidense del mismo nombre, se refiere al discurso evista próximo pasado cuando abordó varios temas desde Oruro


Vuelvo a estas páginas, luego de otro aniversario de la patria y del discurso de un doble mandatario: Evo Morales, presidente de Bolivia y de los cocaleros que cultivan hoja de coca, materia prima de la cocaína. En esa doble condición, hilvanó el país de sus plurificciones hasta 2025, dando por sentado que irá a una re-relección inconstitucional en 2014.
El discurso fue una gran estafa antes que un informe sobre el estado de la nación, que Morales nunca ha dado en sus seis años de Gobierno. Asumió, como siempre, el papel de víctima y ahíto de historia colonial que sí, la sabemos cruel, pero se resiste a dejarla atrás para dar paso al presente y el futuro, sin desterrarla, como nos ha desterrado del censo 2012 a mestizas y mestizos.

Lo real es que, tras 187 años de independencia del colonialismo español, seguimos dominados por caudillos autoritarios, mesiánicos, autócratas y prorroguistas con ínfulas totalitarias. Esas taras sí pueden matar a la Bolivia democrática –que no mató ni la derecha ni el neoliberalismo– y, hoy, Morales la hiere de muerte con el social-chavismo del siglo XXI, izquierdista-estalinista, impostor y demagogo.
La corrupción y el narcotráfico –cuya materia prima la producen sus afiliados cocaleros– fueron su mayor hallazgo como los principales problemas de su Gobierno; también lo son para el 70 % de la población, según encuestas. La hidalguía de hombre de Estado que nunca ha sido le impide ir al meollo del asunto: la corrupción y –como parte de ella– el contrabando masivo de mercancías y de insumos para la cadena del narcotráfico, son los ‘oficios’ que le brindan sus mayores bases de sustentación política, lindantes con la ilegalidad.
Para Morales, la ex República de Bolivia hoy es ‘su’ Estado plurinacional, comunitario y autonomista en el que solo él y los suyos creen, pues es la suma de plurificciones que esconden un Estado que no genera trabajo productivo; Estado desinstitucionalizado con anulación de la independencia de poderes, exacerbado centralismo presidencialista y culto a la personalidad del ‘jefazo’, manejo discrecional de recursos del Estado y total ausencia de transparencia. Estado para el repudio, por la politización de la justicia, con fiscales y jueces jacobinos para eliminar a opositores políticos, que dejan ingobernabilidad, incompetencia, ineficiencia y conflictividad social creciente.
Discurso que suma al engaño colectivo, pues ni como presidente de las seis Federaciones de cocaleros –lo es hace 17 años– ni como diputado de oposición Morales fue conocido como defensor de los pueblos indígenas ni de la Madre Tierra. Con esas banderas sedujo a moros y cristianos. Pero basta mencionar el genocidio** aplicado a los indígenas de tierras bajas en las marchas octava y novena –hoy, con la pantomima de una consulta a todas luces ‘póstuma’ en el Tipnis– para denunciar su impostura. Su objetivo es la ‘rodovía da cocaína’, como dicen en Brasil, para la expansión de la frontera agrícola de la coca. Sin embargo, dijo que creará el primer ‘ejército ecológico’ y erradicará la pobreza hasta 2025. Quedan temas muy ‘gordos’, pero el espacio se acabó. Sigo en la próxima.
(*) Máster en Ciencias Políticas
(**) Genocidio. Cualquier acto que produzca lesión grave a la integridad física o mental de los miembros de un grupo étnico, racial o religioso; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo, entre otros (NNUU).