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lunes, 29 de octubre de 2012

Daniel Pasquier nos ofrece un texto rico en diversidad de temas, aunque rescatamos dos. el potenciamiento de El Chapare y la angurria de poder que se ha constituído en la primera tarea del MAS.


Descolonizar el Estado es una tarea fundamental para los constructores plurinacionales. Según el Vice esta pasa por imponer la hegemonía, el dominio, en formas y estructura, de las culturas indígenas sobre las coloniales, criollas y, seguramente, también sobre las mestizas. Luces y contradicciones evidentes. Ningún proceso de esta magnitud puede intentarse en el corto tiempo. Suficiente para justificar la voluntad de prorrogarse en el poder, al que se han dedicado alma, vida y corazón en el MAS. Si lo creen o no, es harina de otro costal.
Plinio Apuleyo Mendoza, el celebrado autor de obras como “El olor de la guayaba”, que firmara junto a su amigo G. García Márquez, actualmente aquejado gravemente de Alzheimer y quien “no te reconoce si no te ve”, “porque si no, por la voz no sabe con quién está hablando” (los antecedentes maternos, muerta con la misma enfermedad, igual que un hermano a los 53 años, ensombrecen el panorama), y de otra tan conocida “Manual del perfecto idiota latinoamericano”, firmado con C.A. Montaner y A. Vargas Llosa, resume que a este vendaval de “populismo” que sobrevuela al continente bajo el ojo atento de F. Castro, “lo derrotará la realidad”. Tal como hizo con el socialismo europeo en la década de los ochenta.
Un ejemplo, patético, la relación el Estado Plurinacional (EP) con Chile. De entrada, fuertes declaraciones de parlamentarios; hasta la misma oposición oportunista trató de liderar en el conflicto del Silala. Un poco más y se declara la guerra. ¿Esta es la manera indígena de relaciones diplomáticas? El revés no se ha hecho esperar. Silencio y meditación.
El Silala nace en Bolivia y corre hacia el vecino. Lo que muchos no saben es que no es el único caso. Otros corren al revés, nacen en Chile y entran a Bolivia. Como los hay que vienen de Perú y terminan en Chile. Lo evidente es que en la parte boliviana, después de dos siglos, no existen emprendimientos importantes para la utilización de dichas aguas, a pesar de las carencias hasta para uso doméstico en poblaciones de la zona.  Además, existen tratados internacionales, acuerdos centenarios entre los dos países, que obligan a ambas partes.
Complica el tema que Chile tiene una legislación compleja y antigua otorgando derecho a terceros en la regulación del uso del agua, una vez en territorio chileno. Esos derechos articulan usos domésticos, comerciales e industriales. El agua es escasa en la zona norte, pero Chile no tiene carencia de agua. Al menos la mitad de su energía es hidroeléctrica. Pero lo lamentable, para cerrar, es la declaración del gobernador de Potosí “La idea es que esa acción sirva para presionar y paguen por la utilización de esas aguas. Se podría hacer un contrato —tal como vendemos, por ejemplo, gas a Brasil y a la Argentina— …Si Chile lo haría así, y paga con recursos económicos, entonces las obras se paralizarían.” ¿Platita, platita? En definitiva, las amenazas de piscicultura, hidroeléctrica, asegurar la Laguna Colorada, etc., ¿no habían sido en serio?
¿Cómo salvará la situación la llamada oposición? Quizás, como hizo post elecciones del Fiscal General: acusándose unos a otros de inconsecuencias y deslealtades, de fungir como funcionales al MAS. En definitiva, demostrando no tener un planteamiento claro, estudiado y consensuado cara a los temas de la administración del Estado. También se aplica lo del embajador Apuleyo, la realidad los terminará por desenmascarar.
Insultos, improperios, frases de mal gusto, reflejo del nivel educativo de los provocadores, es el estilo preferido del MAS para dirigirse a la ciudadanía o ¿es la hegemonía indígena? Como respuesta, no falta quien, a tono, expresa su descontento con el trato y con los resultados de siete años de gestión, que pretende prolongarse. Pero eso, según el Vice, no debe estar permitido. Se busca una ley para tapar la boca a los disconformes. Sean o no opositores. El gobierno no quiere críticas. No las escucha. Menos, las acepta. ¿Parte del estilo andino indígena?
En el plano económico la hegemonía está en marcha. Se apunta a el Chapare como el escogido, el privilegiado. Lo curioso es que allí no hay indígenas, ni aborígenes. Los pocos chimán, yuracaré, mojeño que habían han sido absorbidos por los colonos cocaleros llamados interculturales. La carretera a través del TIPNIS los exterminará. Lo han dicho en el Valle de Sacta, provincia Carrasco, “El Chapare tiene que convertirse en un poderío agrícola para la economía nacional e internacional, están dadas las condiciones”. Condiciones que incluyen planta de urea, fertilizantes para no dejar morir los cocales, en primer lugar, con carretera doble vía que sirva para sacar el 90% de la producción –que es el excedente-, ferrocarril Bulo Bulo-Santa Cruz, aeropuerto, sedes de las tres armas, y otras inversiones. Más llamativo, tanta generosidad con un sector no en función de producción y productividad, sino con plata del Estado, del resto de los bolivianos. ¿El riesgo calculado, a fondo perdido?
Este es el mayor desafío de este gobierno. Miles de millones de dólares invertidos  improvisadamente. Cubanos de por medio, para sentar presencia. ¿Se meterán en la petroquímica también, junto a venezolanos? Según R. Escalera, y lo sabe el MAS desde hace varios años, hacen falta al menos 300 técnicos especializados solamente en petroquímica para hacer viable el proyecto (www.icees.org.bo). Nunca lo atendieron y hoy no tienen ni para empezar. Los recursos humanos no se improvisan, ¿o se recurrirá también a recursos humanos indígenas?
Quizás en varias generaciones, lo mismo que propuso Castro antes de llevar a Cuba al desastre. Mientras tanto, gobernar en estas condiciones será casi imposible y sirve solo para crear una nueva burguesía nacida entre los cocales. La improvisación, la ignorancia de los temas, el desconocimiento de una historia centenaria pasará factura una y otra vez a la relación del gobierno del MAS con la sociedad boliviana y con el resto de los Estados.
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