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viernes, 19 de abril de 2013

Lo que no dice Manfredo Kempff después de describir la euforia masista-evista en contra de todo lo estadounidense, "el lamento del cornudo" es la denominación carioca del tango argentino, aunque igualmente sirve bien para designar esa evomanía de culpar a USA de todos los males, habidos y por haber...


Hay un viejo chiste que cuenta algo que estamos viendo diariamente en la política nacional: llega un hombre a su casa y encuentra a su esposa con un fulano en la cama; se da media vuelta gritando su ira y corre a apedrear la embajada norteamericana. ¿No es esta la imagen perfecta de lo que acontece en nuestro pequeño y mediocre mundo político? Porque en Bolivia hasta los desastres naturales se los achaca a Estados Unidos diciendo que el capitalismo alienta la destrucción del planeta. ¿Es decir que los ricos capitalistas son tan imbéciles que se quieren suicidar junto con nosotros?
Esto viene a cuento, naturalmente, a raíz de las declaraciones de S.E. sobre el merengue que se ha armado en Venezuela, luego de la tramposa elección que le dio la victoria a Nicolás Maduro. Mientras todos estaban preocupados por la actitud que asumiría la sumisa y cobardona Corte Electoral caraqueña respecto del recuento de votos del domingo pasado; cuando algunas naciones y hasta la propia OEA manifestaban la necesidad de esclarecer la denuncia de Henrique Capriles sobre el matonaje electoral oficialista; en momentos en que había preocupación porque ante los cacerolazos opositores el poder acorralado les respondiera con violencia; S.E. el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, decía con cara compungida por la preocupación, que EE.UU. estaba preparando un golpe de Estado en Venezuela. Sacar de los pelos en esta cuestión a los gringos es nomás igual a aquel pobre señor que sabiéndose un cornudo frondoso corre iracundo a apedrear la embajada estadounidense. ¿Por qué? Porque a alguien hay que culpar de nuestras decepciones. En alguien hay que descargar nuestra rabia y frustración.
La cantaleta del golpe de septiembre del 2008 en Santa Cruz, que sólo vio el Gobierno, prolegómeno de los asesinatos del hotel Las Américas y de la posterior persecución y encarcelamiento del liderazgo cívico-empresarial cruceño, fue también atribuido a un “coup d´État” que dizque estaba preparando siniestramente el embajador Philip Goldberg y que resultó el motivo perfecto para que S.E. decidiera su expulsión de Bolivia, algo que deseaba hacer fervientemente. Es decir que el golpe fantasma no sólo era “cívico-prefectural”, como se afirmó, sino, también, gringo.
Desde entonces – como en el caso del pobre ciudadano que sorprende a su mujercita adornándolo – todo malestar social que se produce en La Paz tiene que acabar con multitudes agresivas y vociferantes en la avenida Arce, frente a la embajada, o cuando menos con amagos o anuncios de ir a arrojarle algunas pedradas al edificio para descargar su ira y su frustración. ¿Pero por qué se produce esta suerte de autismo popular? ¿Por qué esta esquizofrenia desmedida? Simplemente, porque el pueblo, a una sola voz, sin pensarlo dos veces, actúa convencido de que sus interminables males no pueden venir de otro lado que no sea el imperialismo norteamericano. Cómo no va a ser así, si las masas oyen todas las semanas a S.E. lanzar culpas contra los gringos de cuanta peste sucede en Bolivia, al extremo de que, a nombre de la dignidad y la soberanía, se rechazan de boca para fuera algunas donaciones pero después se las recibe en silencio bajo la mesa.
Esto del golpe que estaría armando EE.UU. en Venezuela y que ha sido denunciado por S.E. es necesario tomarlo en cuenta. Porque en las elecciones del 2014 puede ser el caballito de batalla del MAS. Antes de los comicios S.E. podría decir que ya tiene información fidedigna y probada de que los organismos de inteligencia del Pentágono están preparando hacer trizas al Estado Plurinacional para que se restituya la República de Bolivia. El efecto sería que los crédulos (que abundan en nuestro país) hagan coro y se sumen iracundos, como el cornudo de la anécdota, a la denuncia para evitar el presunto zarpazo.
A decir verdad, los norteamericanos no han metido sus manos en las últimas elecciones, cuando menos. Si tantas veces ha ganado el MAS significa que el imperio ha estado fuera del juego. De lo contrario, ya que es tan poderosa “la” embajada, S.E. no habría llegado jamás al poder, ni menos a reeditarlo y mucho menos a pretender re-reeditarlo como es su anhelo más ferviente. Así que visto el fraude de Maduro, recojamos la experiencia venezolana, hagámosle caso a Capriles en que hay que unirse estrechamente, en ser desconfiados al extremo con el ahora Órgano Electoral Plurinacional, y tan importante como lo anterior, en no dejar ni una sola mesa sin que algunos heroicos representantes de la oposición vigilen las urnas aunque sabemos los riesgos a que se someten.