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sábado, 12 de abril de 2014

corto. conciso. texto de Raúl Peñaranda sobre la Xenofobia de la que por ser víctima tuvo que dar batalla. escribir un libro Control Remoto, para mostrar cómo el MAS pretende la hegemonía de los medios con fines electoralistas. cuenta su historia zarandeara por Hugo Moldiz y Amanda Dávila en actitud que provoca guerras, y permite toda suerte de violaciones. imperdible.

Todas las fobias son negativas. Una de las peores es la xenofobia, odio a los extranjeros. Yo soy boliviano pero aun así he sido víctima de ese sentimiento. Nací en Santiago de Chile en 1966, pero vivo en esta tierra desde 1967, primero sin que me preguntaran, porque tenía 11 meses de vida cuando llegué, y luego por decisión propia, cuando fui adulto. Me enorgullezco de mi familia y de mi identidad. Respeto al país de mi madre chilena y, como me gusta siempre decir, tengo la mejor abuela del mundo… y reside en Chile.


Y porque todas las fobias son negativas, ha hecho mal el propietario de La Época, Hugo Moldiz, al publicar la foto de un pasaporte mío de los años 80 y dos páginas de textos en las que se me agrede y se miente descaradamente (paradójicamente yo fundé ese periódico y le di empleo a Hugo cuando lo necesitaba antes de que él finalmente comprara el semanario). Pero no ha hecho mal porque esa publicación me avergüence o me afecte, porque no lo hace, sino porque da un mensaje siniestro a las demás personas que trabajan en Bolivia y no han nacido en el territorio nacional. Muchos de ellos se desempeñan en el Gobierno.

Ha hecho mal la ministra Amanda Dávila por ‘acusarme’ de haber nacido en Santiago. Ha hecho mal porque ha violado la Constitución del MAS, actualmente en vigencia, y la ley contra toda forma de discriminación que ella impulsó. Ha hecho doblemente mal porque ella sabía desde hace años cuál es mi lugar de nacimiento; ha hecho triplemente mal porque ha puesto en una posición muy incómoda a su viceministro, Sebastián Michel, que también nació en Chile.

La xenofobia es un sentimiento profundamente conservador, como el nacionalismo, como el racismo, como el clasismo. Demonizar a las personas por haber nacido aquí o allá ha causado las peores tragedias humanas, para empezar, dos guerras mundiales en el siglo XX, incluidos sus ominosos campos de concentración. Pero el rechazo a los distintos, a los de piel de otro color, a los que se aman con otros códigos, a los que vienen de otra parte, a los que creen en otros dioses, no es solamente conservador sino un sentimiento atávico, primitivo.

Lamentablemente, personas como Hugo y Amanda están en todos los países. Por otros ‘Hugos’ y otras ‘Amandas’ del mundo hoy se expulsa a un salvadoreño de EEUU, se le impide trabajar a un argelino en Francia, se le niega la nacionalidad a un egipcio en Dubái, se le quitan los derechos a un gitano en Grecia. Por otros Hugos y otras Amandas un tutsi ve con desconfianza a un hutu, un palestino sufre en Israel, un musulmán ataca a un cristiano, un boliviano es discriminado en Madrid