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miércoles, 4 de junio de 2014

El Deber arrmete con energía contra la reelección anticonstitucional. El Deber está en contra del continuismo, de la prórroga, de ese "aferrarse al poder para no soltarlo", al mismo que instaa la oposición unirse contra ese corriente y ofrecer EN DEMOCRACIA, la alternativa natural.

En varias ocasiones hemos demostrado la independencia política del Diario Mayor EL DEBER, la que nos permitió opinar objetivamente, como también criticar y/o elogiar cuando hemos creído que así correspondía. Somos humanos, podemos equivocarnos; cuando eso sucede, enmendamos el rumbo. Esa línea ética de más de 60 años se mantiene incólume. Por otro lado, somos devotos del sistema democrático de Gobierno. La democracia, con sus pesos y contrapesos, controles y equilibrios, ha probado ser lo mejor para la convivencia organizada de una comunidad.

En ese sistema, la ciudadanía dispone de amplias libertades, en paralelo con otros derechos y obligaciones, tal como señala la ley. Dos elementos adicionales que distinguen a la democracia son el derecho a disentir, a expresar desacuerdo con la autoridad de turno y la alternabilidad en el poder. Esto último es vital, a fin de asegurar la dinámica democrática y posibilitar el surgimiento de potenciales nuevos liderazgos.

En nuestro país el oficialismo insiste en su afán de prorrogarse, con ello desvirtúa una de las pautas democráticas básicas. Este es un punto que genera inquietud. Vemos, además, que lo mismo está ocurriendo en otras partes de América Latina, donde el afán por quedarse en el poder está llegando a niveles preocupantes.

Luego de una doble gestión, que ya supera los ocho años, el presidente Evo Morales y su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), volverán a participar en los comicios de octubre luego de haber obtenido justificaciones legales para proceder. Nadie nos puede asegurar que una vez cumplido el periodo que se iniciará en 2015 no surjan nuevos intentos de prórrogas. Las reiteradas declaraciones presidenciales nos anuncian que sí habrá prórroga y tal vez sea por mucho tiempo, ya que las encuestas hasta ahora favorecen al candidato oficialista.

Aquí es donde entra en juego la oposición, factor esencial de toda democracia; sin embargo, y por lo visto hasta ahora, esa oposición en Bolivia –pese a sus escasos márgenes de popularidad a escala nacional– no atina a unirse, a presentar una sola candidatura que, por lo menos, les brinde un espacio de control mínimo para garantizar un espacio de poder y evitar el control total por parte de un partido único mayoritario. Si el sentido común supera a los personalismos, tal vez se configure una coalición opositora. Sería interesante que exista esa posibilidad, favorecerá al pueblo y servirá para fortalecer el sistema democrático.

Consejo Editorial: Pedro F. Rivero Jordán, Juan Carlos Rivero Jord