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martes, 10 de junio de 2014

el turismo es una noble actividad que requiere el aporte de transportadores, hospedadores, del atractivo de focos turísticos y del pueblo en general, una Empresa Estatal de Turismo viene a complicar las cosas, cuando todo lo que se necesitan son incentivos y el rol de coordinación de las comunidades locales. El Dia, SC

El Gobierno nacional parece haberse entusiasmado con aquello del Dakar, la cumbre G-77 y otros acontecimientos que han sacado a relucir la vocación de algunas autoridades por la organización de eventos, el catering, los viajes y ramas afines. En ese sentido es que ha lanzado el decreto 2005 que crea la a Empresa Estatal Boliviana de Turismo, cuyos objetivos no están muy claros y que en principio ha despertado mucha susceptibilidad entre las agencias, hoteleros y otras empresas que explotan la “industria sin chimeneas”.

En principio hay que establecer el consenso de que el turismo es una actividad que necesita incentivo por su inmenso efecto multiplicador, porque genera trabajo para un amplio abanico social y porque, bajo ciertas condiciones de sostenibilidad, ayuda a revalorizar el medio ambiente, la cultura y el modo de vida de los pueblos.

En segundo lugar, no hay duda que el Estado, en sus distintas instancias, tiene un papel fundamental como facilitador y promotor de las opciones turísticas del país y su accionar no tendría por qué despertar el temor del sector privado. Sin embargo, todos han visto la manera cómo operó el Gobierno en el transporte aéreo y cómo hizo todo lo posible para imponer el monopolio, con ramificaciones de nepotismo y tráfico de influencias. Se teme que esas mismas acciones se desplieguen en el ámbito del turismo, generando competencia desleal y un intervencionismo pernicioso que termine por enturbiar las aguas en lugar de aclararlas. Lamentablemente el Estado se maneja con criterios políticos y eso significa en otras palabras “repartija de pegas” y de ventajas para los entornos afines.

¿Cuáles son los problemas que impiden el desarrollo del turismo en el país? No es la venta de pasajes, tampoco es la inversión en hoteles ni restaurantes o los medios de transporte, pues eso llega con la afluencia de visitantes que no están viniendo porque Bolivia sigue siendo un “país tranca”, ya sea por los bloqueos, por la pésima infraestructura vial, por la constante conflictividad social, la corrupción y la hostilidad que siente el extranjero que visita nuestro territorio. Para atacar esos problemas no se necesita una empresa específica y el Estado tiene toda la libertad para atacarlos con toda la efectividad posible.

El turismo debería ser una responsabilidad compartida entre empresarios, municipios, gobernaciones y gobierno central. Todos necesitan trabajar para generar empleo y actividad económica. Pero no se trata de entrar en competencia en la venta de pasajes o en la creación de una agencia. Si el sector público quiere intervenir, que ayude en la capacitación de recursos humanos, que ayude a mejorar los atractivos turísticos que en algunos casos están ruinas. ¿Acaso el Gobierno invierte en el mantenimiento de los templos jesuíticos, por ejemplo?

Hay tantas atribuciones que puede asumir el Estado, aportado para que se organicen festivales, cooperando con créditos para artesanos, pequeños emprendedores, formación de guías y hasta la capacitación de taxistas, policías y funcionarios, para que no se porten como unos cavernarios cuando ven a un turista. Sería absurdo que el Estado se convierta en una agencia de viajes cuando hay tanto trabajo por desarrollar para incrementar el potencial de nuestro país.
Bolivia sigue siendo un 'país tranca', ya sea por los bloqueos, por la pésima infraestructura vial, por la constante conflictividad social, la corrupción y la hostilidad que siente el extranjero que visita nuestro territorio. Para atacar esos problemas no se necesita una empresa específica y el Estado tiene toda la libertad para atacarlos con toda la efectividad posible.