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viernes, 20 de febrero de 2015

Lupe Cajías desde LT lanza su grito lastimero. Venezuela al borde del abismo. el hundimiento de Caracas, cada dia más abajo, amenaza a Unasur, Alba al aparato chavista y castrista...Lupe no lo dice, pero también al masismo evista de Bolivia.

Es curiosa la historia. Hace sólo un lustro era difícil imaginar que los países más importantes de la economía latinoamericana, México, Brasil, Argentina y Venezuela, atravesarían nuevamente por profundas crisis institucionales, sociales y de futuro. Grietas que también afectan a los organismos multilaterales que nacieron con el fervor populista de esta década y que han mostrado su nula capacidad para salvaguardar a sus propios miembros en el visible naufragio.
El caso más triste es el de la patria del Libertador Simón Bolívar. En otro febrero, en 1989, enormes protestas populares enfrentaron la tiranía del modelo neoliberal, la corrupción de los partidos tradicionales y la represión a políticos y sindicalistas.
Un grupo de militares, encabezados por Hugo Chávez, intentó un golpe de Estado con un ideario concordante con esas demandas.
Preso y luego liberado por una amnistía presidencial, Chávez ganó sucesivas elecciones presidenciales, generales, regionales, locales y enfrentó exitosamente diferentes conspiraciones promovidas desde el exterior. Realizó ambiciosos planes sociales y comenzó un aguerrido debate internacional contra Estados Unidos.
Al mismo tiempo, quebró toda institucionalidad y manejó las arcas públicas como propias, regalando dinero del Estado venezolano a diversos mandatarios para un sinfín de programas, cuyas auditorías y resultados de impacto ni se conocen. O prestó petrodólares sin controles internos. Acostumbró a su familia a vivir con los lujos criticados en otros y a sus seguidores a gozar los bienes materiales generados por la burguesía; criticó a los empresarios privados pero –como muchos otros mandatarios del neopopulismo– imitó sus lujos, naturalmente que no como fruto de sus inversiones sino con el dinero de ese pueblo que decía defender.
Hoy Venezuela se cae a pedazos y todos los argumentos que quieren culpar a la oposición o al imperio son vacíos. La oposición no está interesada en recibir un país en tal desorden y sus máximos expositores expresaron su desacuerdo con el desborde de las manifestaciones de febrero de 2015.
A EEUU no le conviene la caída de Nicolás Maduro y sus secuelas de guerra civil y violencia mayor a la que ya se vive en calles y pueblos. El hundimiento de Caracas afecta a las islas caribeñas que se estabilizaron con los precios subsidiados del petróleo.
Unasur, Alba y los demás grupos se limitan al discurso. No aparecen diplomáticos que tracen una urgente Hoja de Ruta para evitar el desastre final.
La autora es periodista