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viernes, 13 de noviembre de 2015

la misma actitud de todos los antidemócratas que pierden el poder. "desobediencia al Gobierno" resistencia a sus medidas, como Cristina, también Maduro instan a la insubordinación, a la subversión, al caos. es que no se resignan, no aceptan que el pueblo es el soberano, el que decide con el VOTO. será que cuesta tanto entenderlo?

El presidente venezolano Nicolás Maduro ya visualizó la derrota que le espera en las urnas el próximo 6 de diciembre y ha anticipado que no le entregará el gobierno a los que resulten ganadores. Ha anunciado la creación de una suerte de “junta revolucionaria” integrada por los militares para hacerse cargo del poder y de la continuidad de las actuales políticas, que lamentablemente están llevando al país al mayor desastre económico de su historia.
Maduro le ha dicho a sus seguidores que “hay que ganar como sea” las elecciones legislativas y eso significa ignorar por completo las garantías de transparencia electoral al punto que la OEA acaba de lanzar un comunicado de alerta máxima. Recordemos que las convulsiones sociales del año pasado se originaron en el fraude que llevó al delfín de Hugo Chávez al poder, lo que muestra con toda claridad que no hace falta un triunfo de la oposición para que la violencia se vuelva a instalar en Venezuela, porque en realidad es el régimen el que está gestándola desde hace tiempo.
En Argentina pasa algo similar. Está prácticamente cantada la victoria de Mauricio Macri en la segunda vuelta electoral fijada para el 22 de noviembre y el candidato oficialista Daniel Scioli acompañado de toda la cúpula Kirchnerista no ha hecho más que meter miedo sobre las supuestas consecuencias que va a sufrir el país en caso de un triunfo opositor. Como si el gobierno hubiera dado la orden de actuar, los famosos “Piqueteros”, un grupo de choque que ha estado actuando funcional al gobierno durante la última década, ha iniciado una ola de bloqueos en varias capitales del país, anticipando lo que podría venir, es decir, una guerra de desestabilización similar a la que ejecutó la mafia sindicalista peronista durante el periodo administrativo de Raúl Alfonsín, quien se vio obligado a renunciar por las presiones.
Ese es otro ejemplo de una “crónica anunciada” por personajes nefastos y faltos de escrúpulos que quieren eternizarse en el poder a cualquier precio y que en el mejor de los casos buscan dejar instalada una bomba de tiempo que podría estallar en las manos de los sucesores. Alguien dijo que en política más importante que armar uno de estos artefactos explosivos -cosa que han hecho los populistas-, es conseguir al líder que pueda desarticularlos.
En Bolivia, pese a que faltan cuatro años para una sucesión constitucional, el referéndum del 21 de febrero de 2016 ha generado un falso debate sobre la continuidad con una gran dosis de miedo, pues por todos lados se preguntan por el futuro del país en caso de que haya un triunfo del “NO”. De manera capciosa, el presidente argumenta que la consulta servirá para saber si “el pueblo lo quiere o no lo quiere”, cosa muy alejada de la verdad, pues la población ha votado para que Evo Morales se quede hasta el 2019 y no está en juego ni la legalidad ni la legitimidad aunque hay un riesgo de que se pueda gestar un periodo de inestabilidad e incertidumbre a iniciativa de los fabricantes de estrategias envolventes, cuyos propósitos nunca se pueden conocer.
Precisamente los obispos de Bolivia han alertado recientemente sobre esta cultura del miedo que se viene instalando en el país, donde la gente ya no se atreve a decir lo que piensa, a contradecir al poder dominante ni a exigir legalidad, porque está en funcionamiento un régimen que “busca imponerse a toda costa”.
En Bolivia, pese a que faltan cuatro años para una sucesión constitucional, el referéndum del 21 de febrero de 2016 ha instalado un falso debate sobre la continuidad con una gran dosis de miedo, pues por todos lados se preguntan por el futuro del país en caso de que haya un triunfo del 'No'.